Jorge del Castillo acababa de abrir la sesión: población, inversión, desarrollo en los servicios públicos y, ¡zas!, al primer ministro le mandaron la pregunta sobre la situación de los cocaleros de Tocache que rechazan la erradicación de los cultivos ilegales de hoja de coca.
Puso rostro muy serio y voz más seria aun al exclamar que no estaba para aceptar caprichos de nadie y que los cocaleros no podían exigirle que el ministro del Interior viaje a esa zona, que para eso habían designado el titular de Agricultura, Juan José Salazar. "No hay condiciones. Ni las imponemos ni permitiremos que nos las impongan". Así de enfático fue Del Castillo. Punto a favor para el principio de autoridad.
Tanta firmeza tuvo eco desde Viena, donde se encuentra el presidente de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida), Rómulo Pizarro. A través de CPN Radio, el hilo telefónico dejó escuchar su voz que decía que pese a las protestas de los cocaleros continuarían las acciones de erradicación forzosa de cultivos de hoja de coca. Otro punto a favor.
Tamañas muestras de firmeza eran congruentes con lo que tres días atrás proclamó el presidente Alan García: que el Gobierno no cedería un centímetro en hacer regir la ley frente a eventuales acciones de protesta violenta por parte de campesinos cocaleros en algunos sectores del Alto Huallaga, para evitar la erradicación de cultivos ilegales de hoja de coca.
Por la tarde el ardor de tanta firmeza se congeló. Allá en Tocache, donde los cocaleros se habían expresado con bloqueos de carreteras --lo que es un delito según las leyes vigentes--, bajo el argumento de que la erradicación solo ha incrementado la violencia y la pobreza -- Salazar dixit--, el Gobierno decidía suspender la erradicación.
Algo de remordimiento debió quedarle a Salazar que en el acuerdo hizo precisar que la medida no se aplica a los lugares donde hay pozas de maceración y que él asumía sus responsabilidad si existía algún error. Quizá el mismo remordimiento lo hizo reconocer en "La hora N" que actuó por la libre: sin coordinar con el presidente García ni con el ministro del Interior.
Pero ni estos escrúpulos debilitaron su posición, por el contrario, desenvainó la espada para decir que el programa de cultivos alternativos era un fracaso y que se había vivido engañando a los agricultores.
Salazar redondeó su faena verbal en el programa periodístico con una estocada de antología: "¿Quiere que le diga la verdad? No tenemos una política antidrogas, porque esta política es manejada por directivas de Estados Unidos".