ONGAIS FUE EL PRIMER PILOTO EN INGRESAR A UN DEPORTE DOMINADO POR LOS BLANCOS
Si metiéramos en una licuadora a Tiger Woods y a David Beckham, ¿cuál sería el resultado? Una pizca del condimento exitoso del golfista estadounidense, endulzada con la misma receta mediática del futbolista inglés, terminaría en un plato de fondo llamado Lewis Hamilton. Sí, acertó, el mismo piloto al que sus seguidores se adelantaron en bautizar como el primer automovilista de piel oscura en competir en la Fórmula 1.
Puede que la historia de Hamilton sea lo suficientemente conmovedora para transformarse inmediatamente en el hijo adoptivo del multimillonario circo sobre ruedas. Sobran razones para emocionarse cuando escuchamos que el inglés es fruto de una familia pobre que tuvo como cabeza a un inmigrante de Trinidad y Tobago, al que no le alcanzaba el sueldo de un trabajo para mantener encendida la costosa pasión de su hijo por los fierros. También cuenta la fábula que su tremenda destreza sobre los karts abrió los ojos a Ron Dennis, el mandamás y dueño de la escudería McLaren, quien al escuchar el pedido de ese chico de 11 años --"quiero correr para usted"--, le agregó su número telefónico y una dedicatoria en su papelito: "Llámame en nueve años". Además, para ponerle un tinte dramático a esta vida de película, el británico de 22 años no duda en contar que su hermano menor sufre una parálisis casi total. "Él puede hacer la mitad de cosas que yo y, sin embargo, es feliz. Ese es un mensaje fuerte que seguramente tuvo una gran influencia en mi manera de pensar", dice.
La vida de Lewis tiene tantas aristas que, por donde se la vea, encontraremos buenos motivos para alinearnos a su ya larga fila de fans. Pero Hamilton, para muchos, no es el primer piloto de piel oscura en subirse a un monoplaza en un Grand Prix. Esa versión mediática no coincide con la teoría de algunos críticos, quienes aseguran que el hawaiano Danny Ongais fue el primero en participar en la Fórmula 1, corriendo en cuatro de las seis fechas del campeonato entre los años 77 (EE.UU. y Canadá) y 78 (Argentina y Brasil. No clasificó en EE.UU. ni en Holanda).
Seguramente Ongais, quien defendió a las escuderías Penske-Ford, Ensign-Ford y Shadow-Ford, pasó inadvertido en los circuitos y su puesto 7 en el Gran Premio de Canadá 77, el mejor de su carrera y el único que no terminó en retiro, jamás sirvió para quedar en la memoria colectiva de los fanáticos.
Pese a ello, los 616 kilómetros recorridos y las 132 vueltas completadas en una era dominada por los Lauda, Fittipaldi, Andretti, Reutemann, Patrese o Villeneuve hacen del hawaiano el estandarte de una raza que ingresó a un deporte de dominio de los blancos.
Claro, Ongais nunca se subió al podio como sí lo hizo Hamilton hace dos semanas en Australia, cuando el inglés le cedió el segundo lugar a Fernando Alonso, su compañero en McLaren.
En todo caso, la frase del hoy chico mimado del 'Gran circo' bien pudo ser el lema de cabecera de Ongais. "Para mí no significa mucho ser el primer piloto de color de la Fórmula 1, pero para el deporte en sí mismo significa mucho".