Domingo, 1 de abril de 2007
Las Malvinas en el recuerdo


Reportaje 4 EN EL ANIVERSARIO 25
Argentina reclamaba la soberanía de estos archipiélagos australes tomados en 1833 y dominados desde entonces por el Reino Unido. El 2 de abril de 1982 empezó todo

Por Carlos Novoa Shuña

El 2 de abril de 1982, unos 800 soldados argentinos, movilizados a través de un sigiloso plan con una fuerza naval integrada por el buque de desembarco Cabo San Antonio, el portaaviones 25 de Mayo, los destructores Hércules y Santísima Trinidad, las corbetas Drumond y Granville, el rompehielos Irízar y el submarino Santa Fe, desembarcaron en las islas Malvinas, situadas 700 kilómetros al sur del continente.

Las escaramuzas ya se daban desde el 19 de marzo de 1982, cuando un grupo de trabajadores y militares argentinos desembarcó en las islas Georgias del Sur, ocupadas por Gran Bretaña desde 1833 junto a las Malvinas y las Sándwich del Sur. Iban a cumplir un contrato con una firma escocesa y aprovecharon para izar la bandera argentina y cambiar las señales inglesas.

Luego de una breve pero intensa resistencia de marines británicos, la suerte estaba echada. Los hechos obligaron a renunciar al gobernador de las islas, Rex Hunt. La bandera argentina ondeaba en las islas Malvinas.

El fervor patriótico invadió a los argentinos y hubo celebraciones en todo el país. Imágenes de soldados británicos capturados y sometidos a los militares argentinos dieron la vuelta al mundo. La guerra de las Malvinas había empezado.

EL CONTEXTO POLÍTICO
En 1982 Argentina estaba bajo la dictadura de la junta militar de Leopoldo Galtieri. El país vivía una creciente tensión social motivada por una inflación del 90% anual, así como una profunda recesión y el empobrecimiento de las clases medias, sin contar con el aumento de la deuda interna y externa.

Por eso el tema de las Malvinas se convirtió en una de las banderas ideológicas permanentemente exacerbadas por el patriotismo de los militares argentinos y, de esa manera, se dejaba en un segundo plano la crisis social, política y económica que azotaba al país.

La decisión argentina de atacar e invadir las Malvinas se basó en un análisis militar que minimizó la capacidad de respuesta británica. Primero, los argentinos consideraron que la reducida defensa británica era un blanco fácil; segundo, se pensó que la distancia entre Gran Bretaña y unas islas remotas en el Atlántico Sur impedirían un contraataque.

La reacción del Gobierno Británico no se hizo esperar. La entonces primera ministra Margaret Thatcher, conocida como la Dama de Hierro por su fuerte carácter, ordenó el envío de la Armada británica al Atlántico Sur, con el fin de responder la afrenta.

No eran los mejores momentos para Margaret Thatcher. Su gobierno estaba debilitado por la aplicación de duras medidas sociales de tipo neoliberal.

El 3 de abril, Londres logra que las Naciones Unidas aprobaran la resolución 502, en la que se exigía a los argentinos retirarse de los archipiélagos ocupados como condición previa para cualquier proceso negociador.

LA ACTUACIÓN PERUANA
Desde un comienzo, el gobierno del presidente Fernando Belaunde Terry tuvo una participación activa en el conflicto como aliado de Argentina. El Perú y Estados Unidos intentaron que el conflicto no se agudizara, pero los esfuerzos diplomáticos sucumbieron a la lucha.

Al respecto, el entonces canciller peruano Javier Arias Stella señaló que, en un momento dado, se estuvo muy cerca de llegar a un acuerdo de cese de hostilidades.

"Después de intensas negociaciones junto con Estados Unidos, el presidente Belaunde habló con Galtieri, quien aceptó el documento por el que se ponía fin al conflicto. Cuando todo indicaba que las negociaciones darían resultados y en Torre Tagle nos preparábamos para un anuncio oficial, el presidente Belaunde me informó que el crucero argentino General Belgrano acababa de ser hundido en combate. No había nada que hacer y Belaunde le expresó su solidaridad a Galtieri", contó a El Comercio Arias Stella --médico patólogo de profesión-- en su oficina en Jesús María.

Para Arias Stella, los esfuerzos diplomáticos peruano-estadounidenses por evitar un conflicto bélico se frustraron porque la primera ministra Thatcher ya había ordenado el envío de una gruesa flota hacia el Atlántico Sur. "Es decir, no podía regresar con las manos vacías. Tenía que recuperar las Malvinas". Si las tropas británicas no recuperaban las Falklands, habría sido un fracaso con graves consecuencias internas para Margaret Thatcher en el ámbito británico y europeo en general. Al preguntársele por qué el Perú se involucró en el conflicto, el ex canciller expresó que el presidente Fernando Belaunde, un hombre tranquilo y pacífico, previó que si no había una solución, el derramamiento de sangre sería inevitable. "El presidente Belaunde trabajó por buscar una tregua apenas los británicos partieron al sur".

LA RESPUESTA MILITAR
Una poderosa flota británica zarpó hacia el archipiélago desde Porthsmouth, con 110 buques, de los cuales 42 eran de guerra, incluidos portaaviones y submarinos que transportaban unos 28.000 efectivos.

El 19 de abril, el submarino nuclear Conqueror llegó a la zona y se convirtió en una suerte de guardián que frenaba el ingreso al área de la flota argentina. Además, garantizaba la seguridad del buque de patrulla Endurance.

Entre el 20 y 21 de abril se completó la llegada del resto de la fuerza británica a las proximidades de las islas. Los combates se prolongaron durante 45 días. Se produjo el hundimiento del crucero General Belgrano por parte del submarino británico Conqueror. Fue un duro golpe no solo a la flota argentina, sino al orgullo argentino.

Días más tarde, la flota británica sufre la pérdida del destructor HMS Sheffield, tres fragatas y dos buques de transporte, a manos de la aviación naval argentina y de la fuerza aérea.

El 10 de junio abortó la última posibilidad del comando militar en las Malvinas para ejecutar un contraataque de envergadura por la retaguardia de los ingleses. Aunque efectivos argentinos disponibles en la isla, con el refuerzo de una brigada aerotransportada desde Comodoro Rivadavia, estaban listos para intervenir, la operación no se ejecutó por no contar con una adecuada cobertura aérea. La suerte estaba echada.

Las graves pérdidas ocasionadas, horas antes, por la aviación a las fuerzas de desembarco enemigas no frenaron el ímpetu de los británicos que poco después empezaron a realizar ataques furtivos desde helicópteros disparando misiles sobre el sector urbano de Puerto Argentino, mientras en otras zonas había combates cuerpo a cuerpo que favorecían a los británicos.

El 14 de junio se quiebran las últimas líneas defensivas de la infantería, que debe replegarse en medio de un desorden generalizado, y a los jefes militares argentinos no les queda otra alternativa que la rendición. De esa manera se pone fin al conflicto armado, que dejó 649 militares argentinos muertos, así como 258 británicos y tres civiles isleños. Pero el litigio de soberanía aún perdura. Las repercusiones económicas, sociales y políticas fueron fatales para la junta militar argentina, que cayó al año siguiente tras siete años en el poder luego del golpe de 1976. En Gran Bretaña, por el contrario, el gobierno conservador de Margaret Thatcher se afianzó y la Dama de Hierro logró la reelección en 1983.

REACCIONES
JORGE VIÑUELA

Encargado de negocios De la embajada argentina
Hay una sensación de frustración porque 25 años después de la guerra no hemos avanzado lo que esperábamos. Constantemente invitamos al Reino Unido a conversar y ellos no lo toman en cuenta. No hay negociación, inclusive hay invitaciones de la ONU, pero nada. Gran Bretaña ha estado licitando áreas pesqueras y de hidrocarburos en forma unilateral en zonas consideradas argentinas. Así como el esclavismo está derogado, el colonialismo está derogado. Ya nadie concibe una situación colonial y las Malvinas son una situación colonial. El reclamo argentino es uno solo: Sentarnos a negociar porque nosotros reclamamos la soberanía de las Malvinas".

ROBERT WEBB
Encargado de negocios DE la embajada de gran bretaña
Después de 25 años el mundo es otro y hoy encontramos unas islas Falklands con muchos cambios y es una comunidad autosuficiente en todo sentido. Nuestras relaciones con Argentina, al margen de este problema de las islas, es buena. Para nosotros las negociaciones sobre la soberanía de las islas Falklands es un caso cerrado. La población de las islas no tiene la intención de negociar este punto. Todo lo que se dice sobre licitaciones en la zona son solo especulaciones. Nosotros no tenemos dudas sobre nuestra soberanía de las islas y esto está basado en la autodeterminación de la población de las islas. Ellos deben decidir si quieren cambiar su estatus".

Más información:
4  Del consultor: En medio de la guerra fría





¿Cree que la situación de nuestro fútbol mejorará si Manuel Burga y su directiva salen de la FPF?
4 Deje su mensaje


Copyright Empresa Editora El Comercio S.A.
Derechos reservados
Contáctenos

Edición impresa