Crítica de arte: Buscando al hombre...

Por Élida Román

Guy Ferrer (Francia, 1955) presenta en el Icpna-Miraflores "Álter Ego: Itinerantes", exposición que reúne pinturas realizadas en diversas técnicas, objetos escultóricos e instalaciones, complementados por la proyección de un video que ilustra sobre la obra realizada por el artista, que hace referencia también a un grupo escultórico (T.O.L.E.R.A.N.C.E.), próximo a instalarse en un parque de Saint Ouen (región parisina), localidad en la que habitualmente reside, alternando con estadías en Los Ángeles (EE.UU.).

Viajero incansable y reflexivo, acaba de vivir una estadía de varias semanas en el Perú, donde la experiencia del ayahuasca, durante su visita a la Amazonía, ha reforzado su visión universalista de la cultura y del hombre.

Es esta búsqueda de las características de lo humano, por encima de razas y variaciones antropológicas y sociales, que a su vez es un itinerario hacia sí mismo, la que lo ha llevado a encontrar en la indagación de lo corporal, sea la actitud (como se aprecia en las instalaciones) o el retrato, la presencia de lo simbólico, más que como explícito, como el aliento profundo que emana de él.

Su búsqueda de conocimiento a través de religiones, creencias, ritos y mitologías, lo ha familiarizado con este sentido simbólico -que en sí mismo implica la creencia trascendente y, al parecer, ha gobernado su decisión creativa.

El rostro de un hombre, de rasgos más próximos a lo genérico que a una precisión de identificación positiva, donde los rasgos se tornan máscara y los ojos parecen con frecuencia vacíos, es presentado en una extensa seriación, a modo de letanía, y llevado al gran formato, donde el despliegue matérico, la inclusión de color y la hipertrofia de la forma le permiten exaltar esa condición que trata de mostrar a través de ella. A la primera serie ha denominado "Voyants" ("videntes"), y este término es un indicativo claro de la atribución de una capacidad más allá de lo inmediato y cotidiano. Ferrer se vale de un tratamiento expresionista, aunque controlado, y prescinde de utilizar fondos reconocibles o que pudieran situar en tiempo y lugar a estos seres casi fantasmales. Con rasgos que acentúan una asociación con lo muerto eternizado, al modo de lo momificado, detenido, consigue una expresividad dramática en su silencio.

En una instalación ha colocado, sentada en círculo, sobre un manto de carbones, una serie de figuras embozadas en actitud de meditación o espera, en torno a un círculo luminoso central. Es aquí donde la intención no alcanza eficacia en el mensaje. El conjunto es visto como una representación que no manifiesta algo más que la pasividad del descanso. Es necesario el auxilio literario para tratar de encontrar ese sentido reflexivo y coparticipativo que pareciera pretender.

Ferrer también es escritor y poeta, y sin duda su trabajo se vale de estas posibilidades, que se filtran en los tratamientos visuales, muchas veces complementándolos. Sin embargo, sus pinturas no necesitan rótulos. Hablan con su imagen. Siempre buscando mostrar aquello que George Mead definiera tan bien: "Yo soy YO en el espejo del OTRO".