El poeta detrás de la niebla

Hijo de un inmigrante japonés y una campesina norteña, el mestizaje de José Watanabe enriqueció de forma única las letras castellanas. La poesía peruana ha perdido a una de sus voces imprescindibles

 

Por Enrique Planas

Una imagen de infancia: bajo el sol de Laredo, el pequeño José Watanabe observa cómo se derrite un trozo de hielo. Aprecia esa tenue película de vapor que va despegándose del cristal que se adelgaza hasta no dejar rastro sobre la mesa. Este recuerdo motivó el título para "El guardián del hielo", imprescindible recopilación de su poesía editada en Bogotá por el sello Norma el año 2000. Con esta prístina y cotidiana imagen, el poeta reflexionaba sobre lo efímero de la existencia. Para Watanabe, ese era el oficio del poeta: ser testigo de lo fugaz, como el hielo que inevitablemente se derrite.

Su sorpresiva muerte a los 61 años, ratificó estas certezas poéticas. Watanabe siempre intentó dejar el registro de esa vida huidiza a lo largo de 35 años de poesía y siete extraordinarios libros que tenían a un público pendiente de cada nueva entrega. Se encontraba en un momento extraordinario de su carrera: un reconocimiento internacional creciente, increíble éxito editorial (Su libro "La piedra alada" se colocó durante seis meses como el poemario más vendido en España), y una diversidad de proyectos creativos que lo llevaban en los últimos años de la poesía al cine, al teatro, a la música y los cuentos para niños.

Watanabe murió a las 11:30 de la noche del miércoles en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas. Un cáncer a la garganta actuó con despiadada rapidez, a pesar de que había sido detectado en una fase temprana y los reportes médicos se mostraban optimistas. No era la primera vez que Watanabe enfrentaba a la muerte, pues en 1986 supo esquivarla al tratarse en una clínica alemana de un cáncer al pulmón.

EL POETA
Junto con Enrique Verástegui, Jorge Pimentel, Tulio Mora, o Abelardo Sánchez León, José Watanabe integra una de las generaciones más prolíficas de la poesía peruana. Más aun, vista en perspectiva, su obra es la que mejor ha resistido el paso del tiempo en comparación con la de sus compañeros del 70. En ella, además de las influencias de la poética japonesa del haiku, el simbolismo francés y el arraigo en lo cotidiano, el tema del cuerpo se imponía como una de sus reflexiones más profundas. En efecto, para el poeta nacido en Laredo en 1946, de padre japonés y madre peruana, el cuerpo era la única patria, la única posesión real. Un cuerpo que impone sus reglas, y con la madurez, se convierte en un lastre.

"Después de tantos años, un poeta comienza a sentir una especie de desazón o de cinismo frente a la vida y la poesía. A mí, la poesía me salvó realmente, vitalmente. He estado enfermo, he pasado mil cosas, y creo que si no hubiera sido por la poesía hasta me hubiera suicidado", confesó el poeta en una de sus más recientes entrevistas.

La enorme curiosidad del poeta laredino lo llevó a explorar muchos otros lenguajes creativos. Su crédito como guionista aparece en películas como "La ciudad y los perros" de Francisco Lombardi, o "Alias La Gringa" de Alberto Durand. Igualmente, en el teatro logró el reconocimiento internacional con su versión libre de "Antígona" de Sófocles, montada por primera vez en 2000 en el escenario del grupo Yuyachkani. Miguel Ángel Rivera, director peruano residente en México, quien presentó esta obra en el prestigioso teatro Juan Ruiz de Alarcón, en la capital azteca, comentó que el autor proyectaba escribir una obra teatral en torno a la muerte de Abraham Valdelomar. Ciertamente, ese no será el único proyecto inconcluso. Watanabe deja sin terminar no solo poemas en el disco duro de su computadora, sino también proyectos de ficción con jóvenes escritores peruanos, así como continuar su línea de cuentos para niños. Eduardo Tokeshi, renombrado artista plástico quien ilustraría estas ediciones, lamenta que su amigo solo haya podido concluir un último cuento después de "Don Tomás y los ratones", recientemente publicado.

EL HOMBRE BUENO
Pero para hablar de Watanabe no basta celebrar su extraordinario legado artístico. Para elaborar un rápido retrato, los amigos no dejan de comentar su tímida sencillez, su enorme generosidad, su lúcido sentido del humor y su desprecio a cualquier pose o vanidad literaria. Pepe confesaba con orgullo que nunca había tenido dinero ni propiedad alguna. Que su mayor orgullo había sido educar a sus tres hijas. No era un poeta que vivía en una torre de cristal. Era el observador que, con sabiduría, registraba en sus poemas el mundo en que vivía y del que participaba con entusiasmo. Un mundo en el que, desde ya, hace mucha falta.

EN PUNTOS
Watanabe nos deja un enorme legado
4  Su poesía

Siete notables libros forman el legado de José Watanabe: "Álbum de familia" (1971), "El huso de la palabra" (1989), "Historia Natural" (1994), "Cosas del cuerpo" (1999), "Habitó entre nosotros" (2002), "La piedra alada" (2005) y "Banderas detrás de la niebla" (2006).

4Antologías
Cuatro recopilaciones difunden su obra en Iberoamérica y los países de habla inglesa: "Path through the Canefields" (Londres, 1997), "El Guardián del Hielo" (Bogotá, 2000). "Elogio del refrenamiento" (Sevilla, 2003), y "Lo que queda" (Caracas, 2005)

4El cine
Watanabe fue el guionista de "Maruja en el infierno" (1983) y "La ciudad y los perros" (1985), ambos filmes de Francisco Lombardi; "Ojos de perro" (1981) y "Alias La Gringa" (1991), de Alberto Durant; "Anda, corre, vuela" (1993) de Augusto Tamayo y "Reportaje a la muerte" (1992), de Danny Gavidia.

4El teatro
Como dramaturgo, fue internacionalmente reconocido por su versión libre de "Antígona" de Sófocles, llevada a escena originalmente por el grupo Yuyachkani en el año 2000. Se ha presentado ya en escenarios de Santiago de Chile, Buenos Aires y Ciudad de México.

4Cuentos para niños
En los últimos años, Watanabe publicó deliciosas narraciones para niños como "El lápiz rojo", "Melchor, el tejedor" y "Andrés Nuez perdido entre las frutas", con ilustraciones de Piero Quijano y César Ramos. Recientemente, la editorial Peisa lanzó "Don Tomás y los ratones" con espléndidas imágenes de Eduardo Tokeshi.

REACCIONES
JORGE PIMENTEL
Poeta
"Gran amigo, gran poeta. Hablábamos por teléfono solo para reírnos. En lugar de tener conversaciones serias, Pepe disfrutaba ironizando sobre la vida y los acontecimientos cotidianos. Para mí, él seguirá siempre vivo, gracias a su poesía, a su sensibilidad y a su elegante forma de enfrentar la cotidianidad".,

IVÁN THAYS
Escritor
"Fue la persona más curiosa que conocí. Mientras trabajaba escribiendo guiones sobre personajes famosos, José se volvió un experto en las aficiones de estas personas. Por ejemplo, si escribía sobre Jorge Chávez, se volvía un experto en aviones. Su poesía es la de una persona que va por el mundo intentando descubrir los códigos secretos de la naturaleza".,

EDUARDO TOKESHI
Artista plástico
"Mas que poeta, escenógrafo, guionista o director de arte, José era mi amigo, mi hermano. Cuando se muere alguien tan creativo como él, nos deja el hueco de todas las cosas que ya no se van a poder leer. El último trabajo que hicimos juntos fue "Don Tomás y los ratones", un libro infantil que prueba su gran versatilidad. Escribir cuentos infantiles era solo una cosa más de tantas que sabía hacer".,

RAFO RÁEZ
Músico
"Él era muy detallista y no se apresuraba con las cosas: justamente lo que se puede esperar de la personalidad de un poeta. Su papá era un japonés que chacchaba coca, su mamá una mestiza moche. Era una persona única, abierta a todo, no solo a lo solemne sino también a lo ligero. Era un humanista,. Ya debe estar hablando con Vallejo. Hizo muchas cosas lindas. Se merece todos los homenajes".

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