Punto de vista: Una crisis que es antigua

Por Wilfredo Pedraza
Ex presidente del INPE

El sistema penitenciario enfrenta una antigua crisis. Sobrepoblación carcelaria que excede límites razonables, 70% de presos sin condena, 80% de la infraestructura en regular o mal estado y corrupción generalizada, factores que han llevado a nuestras cárceles a una situación objetivamente contraria al principio constitucional de resocialización que, en reiteradas ocasiones, se ha expresado en hechos de violencia y afectado el principio de autoridad. Pese a tan grave situación, la problemática carcelaria no está en la agenda política, ignorando el enorme impacto que tiene en la seguridad ciudadana.

La cárcel no es precisamente el mejor escenario para modificar conductas ni enseñar valores. Todo lo contrario, son centros reproductores de violencia y capacitación en el delito, por ello, su uso contra la criminalidad debe estar reservado para casos de relativa gravedad.

Ahora que la administración penitenciaria está en buenas manos, es tiempo de diseñar políticas integrales de mediano y largo plazo que, sin abandonar el propósito de la resocialización, incorpore como aspecto central una clasificación básica que permita la separación de internos primarios de los reincidentes, así como la implementación de acciones de protección de grupos vulnerables (jóvenes, mujeres, tercera edad). Ello exige nueva infraestructura, pues es vital ofrecer al joven interno un ambiente de reducida subcultura carcelaria. Solo así aumentará sus posibilidades de resocialización que se traducirá en una disminución de la reincidencia y en un mejor nivel de seguridad ciudadana. En términos de política penitenciaria, construir penales para jóvenes sería la acción más trascendente de las últimas décadas.