Por Carlos Herrera Descalzi, Ingeniero
En el 2001 Brasil perdió crecimiento económico por falta de energía eléctrica. Después siguió creciendo, pero lo perdido no se recuperó. El crecimiento del Perú exige mayor capacidad de generación y transmisión. La nueva generación se está concentrando en Lima, merced al gas de Camisea, por lo que tiene asegurada la suficiencia y confiabilidad de su suministro eléctrico; no así el resto del Perú.
A corto plazo, atender desde el centro la creciente demanda del sur requiere ampliar la capacidad de la línea de transmisión Mantaro-Socabaya (Trasmantaro); su actual capacidad de 256 MW pronto resultará insuficiente. Lo inmediato es ampliar la hidroeléctrica de Machu Picchu, estancada desde el 2001. Pero difícilmente se materializará antes de 24 meses.
Su construcción y enlace eléctrico se convoca con un error capital: en vez de dirigirse a Socabaya, desembocará en Cotaruse, en medio de la congestionada Trasmantaro, sin aportar energía al sur, sustituyendo solo una cantidad similar de la que llega desde el centro. Lo sensato sería un enlace Machu Picchu-Socabaya. El sistema eléctrico requiere una visión de conjunto, con proyección al futuro.