REFLEXIONES. Juan Manuel de Prada
MÉXICO D.F. [EFE]. El escritor español Juan Manuel de Prada afirmó el viernes que no se considera seguidor de 'la derecha laica', la que representa el aspirante a la Presidencia francesa Nicolas Sarkozy, porque en ella siempre ve una premonición del extremismo.
A dos días de que se celebre la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Francia, este escritor español que se declara "muy francófilo" confiesa que no se identifica ni con Sarkozy ni con la socialista Ségolene Royal, a quienes sin embargo elogia respecto a sus predecesores porque "no se les ve corruptos".
Sobre Sarkozy, favorito según los sondeos previos a los comicios, De Prada (Baracaldo, Vizcaya, 1970) ve en él a un político "estentóreo", cercano a un modelo de derecha laica que siempre ha contemplado 'con mucha distancia'.
"Creo que la derecha sin Dios siempre es una derecha muy dura porque no hay nada que la dulcifique. En este sentido, la derecha francesa (de Sarkozy) es infiel al legado de (Charles) De Gaulle, que era católico", agregó.
"Con esto no quiero decir que tenga que estar hablando de Dios ni ser confesional ni nada de eso", aclara De Prada, crítico al mismo tiempo de la aspirante socialista.
"A Royal la veo demasiado embarcada en este sincretismo de nuestro tiempo, en esta especie de "querer complacer a mucha gente, con apelaciones patrióticas un poco vacuas y con un intento de ser moderna", dijo.
"Un antimoderno como yo lo contempla con cierto escepticismo", asegura el autor de "El séptimo velo" (Seix Barral, 2007). La trama de esa novela, que el escritor ha presentado en estos días en México, está ambientada parcialmente en la Francia posterior a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
Pese a ser un gran admirador de Francia, De Prada percibe que ese país "ha entrado en un proceso de decadencia muy fuerte que en parte nació por no haber querido asimilar sus errores" del pasado, algo que abordó en cierto sentido en su última novela.
Afirma que la Revolución Francesa (1789) dejó un legado positivo para la modernidad, pero "en el siglo XX todo eso se ha derrumbado" en el país galo.
"Francia no supo digerir procesos como la emigración, creó guetos monstruosos, y eso al final contribuyó a que la sociedad se escindiera", añade el escritor.
De Prada siente que durante sesenta años esa nación ha vivido en la complacencia y vaticina que los cambios que necesita le van a costar debido a que tiene unas estructuras muy anquilosadas.
"Yo siempre he buscado las raíces de esa complacencia y siento que están en la época que narro en mi novela. Francia durante los años de la Segunda Guerra Mundial se porta de una manera bochornosa con la llegada de los nazis. Luego ha querido tapar eso con esa idea de la 'grandeur' (grandeza), ese chovinismo desaforado, acrítico, complaciente, y todo eso ha ido generando una gangrena social y política", añade De Prada.
El novelista español se declara profundamente apenado por un proceso de desvertebración social que ha puesto al país galo en una situación 'muy difícil', 'decadente', sobre todo en lo cultural.