Treinta y cinco años después "Exile on Main Street"
El álbum doble de la banda inglesa rejuvenece con el paso del tiempo incomprendido en su momento, hoy es considerado una obra maestra
Por Francisco Melgar
Con la excepción de Keith Richards, ningún integrante de los Rolling Stones disfrutó de las sesiones de "Exile on Main Street", realizadas en Nellcote, un palacio de la costa azul francesa que el guitarrista alquiló para vivir con su mujer, su hijo y su círculo de traficantes, mafiosos y marginales de distinto pelaje. Bill Wyman, bajista de la banda, estaba tan molesto con la vida en el decadente palacio que prefirió ausentarse de varias sesiones, reemplazado en diez canciones por el propio Keith.
Las grabaciones, que se llevaban a cabo en el sótano de la casa, comenzaban alrededor de la medianoche, cuando Richards se despertaba y la mayoría de los Stones ya estaban dormidos. No es casualidad que muchos temas de "Exile on Main Street" tengan de baterista a Jimmy Miller, productor de la banda que compartía los horarios y los malos hábitos de Richards. "Todo el mundo andaba colocado con algo", dijo Mick Jagger, quien también faltó a varias sesiones. "Los ingenieros, los productores y todos los responsables de mantener el orden en el estudio andaban drogados. Fue una época bastante desagradable".
Desagradable para todos, excepto para Keith, quien aprovechó el control que le proporcionaba su papel de anfitrión para armar las sesiones según su estado de ánimo, junto con cualquier músico capaz de sumarse a su ritmo narcótico, marcado por una estricta dieta de estimulantes sudamericanos y opiáceos asiáticos. Quizá por eso la música de este disco sea tan distinta a todo lo que los Stones habían hecho hasta entonces, y a todo lo que hicieron después.
Exuberante, agresiva, cruda y celebratoria, la música de "Exile", inspirada tanto en el rock and roll como en el country y el blues, está impregnada de la personalidad de Richards y del clima hedonista e irresponsable que se vivía en Nellcote. Las historias detrás de la música solo añaden coherencia a sus canciones en clave realista, repletas de barrios marginales, noches de insomnio y personajes sin hogar y sin destino que, a pesar de su desadaptación, no pierden la alegría y el orgullo de estar vivos.