Nuevos retos y viejas rencillas
Mulder es el hosco guardián de un partido que necesita un buen embajador
Por FernandoVivas
Periodista
Lo provocan a cada rato en los corrillos políticos, lo acaban de pifiar en el mismísimo Alfonso Ugarte y los humoristas lo caricaturizan con rasgos zoomorfos que no voy a festejar porque Mauricio Mulder merece que se lo trate con humano respeto.
Por eso, ponderaré sus virtudes: La primera es que en su rudeza verbal hay mayor dosis de franqueza que en otros políticos mansos pero falsetes. La segunda es que sabe, y de ahí algunas de las pifias de sus compañeros, que el éxito del Gobierno está en permitir el concurso decisivo de técnicos independientes, que solo ellos van a reformar el Estado. Cuando dice que el partido debiera tener más presencia no creo que lo diga para abonar el copamiento, sino para conciliar con su pedigüeña feligresía.
Pero Mulder también sabe que el Gobierno pasará, que el Apra quedará y que, si quiere repetir el plato, el partido tiene que cumplir sus promesas redistributivas para no perder su arrastre popular. De ahí su segunda virtud: reclamarse preocupado por entender las causas de la protestas sociales, conservando esa condición de político de izquierda de la que se jacta cada que se pelea con quienes él llama caviares.
Aquí comienzan los problemas y los defectos que hacen que Mulder, en mi modesto juicio, no esté haciendo demasiado para ampliar el frente con el cual su partido podría repetir limpiamente el plato. Con Jorge del Castillo o cualquier otro menos Alan García, claro está, pues contra la reelección estamos curados y legalmente protegidos.
Pues leo su última columna en "La República" y lo veo arremetiendo contra el analista Carlos Reyna, como si en las críticas que este hace al Gobierno hubiera un veneno desestabilizador. Y antes lo leía en "Correo" apoyando el proyecto de ley contra las ONG con tal denuedo que calateaba su propósito: ponerle cabe a esos entes refugios de caviares. Y entonces reconozco al mismo Mulder de 28 años atrás, peleando el espacio vital con los izquierdistas de la Universidad Católica porque la derecha no era muy visible en la PUCP setentera.
Me temo que el brioso político mantiene, a pesar de los años, una concepción en exceso confrontacional y partidista de la política y de la vida, y por eso se jala las mechas con rivales de antaño que hoy poco gravitan. Y el anacrónico pleito aleja del régimen a personalidades que no ven las cosas con el ojo izquierdo o el derecho. Además, la campaña contra las ONG y sus actitudes homofóbicas mellan la imagen del Apra entre intelectuales de toda laya. Mulder es un celoso guardián en un partido que requiere un buen embajador.
Otro resultado anecdótico de su fobia al caviar es que despertó tal entusiasmo en Carlos Espá que le dedicó una columna exaltándolo como una suerte de aguerrido caudillo que podría librarnos del complot radical que lo tiene a él como una de sus primeras víctimas, algo así como Sánchez Cerro cuando se batió con el Apra. De Mulder depende evitar estos graciosos malentendidos, estas broncas desfasadas y modernizar a su partido.