FILOSOFEMAS

San Marcos, como en los viejos tiempos

"La comisión interventora expulsó a más de 300 profesores y nombró a otros para reemplazarlos, mediocres y sin méritos suficientes para ocupar una cátedra"

Por Francisco Miró Quesada Cantuarias, Filósofo

La Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la más antigua de América, cumplirá, el 12 del presente mes, 456 años de existencia. Para celebrar tan magno acontecimiento, hubo una ceremonia en la que estuvieron el rector, señor Luis Fernando Izquierdo Vásquez; el embajador del reino de España, Julio Albi de la Cuesta; Gustavo Delgado Matallana y Federico García Hurtado. En el importante acto se inauguró la restauración del Patio de Derecho. Esta restauración ha sido posible gracias a la generosa ayuda de España.

La Universidad de San Marcos ha tenido influencia decisiva en la vida nacional. En ella se han formado los más grandes científicos, abogados, hombres de letras, importantes empresarios y políticos. Sus estudiantes se distinguieron, desde la época colonial, por su actitud rebelde y contestataria. A veces con razón, a veces sin ella.

Sin pretender ser exhaustivos nos referimos a algunos de los peruanos más ilustres que se formaron o enseñaron en sus aulas.

Facultad de Medicina. Honorio Delgado, Constantino Carvalho, Alberto Hurtado, que terminó sus estudios en el extranjero, pero que regresó al Perú y se incorporó a la facultad, Guzmán Barrón...

Facultad de Letras. Julio C. Tello, Jorge Basadre, Raúl Porras Barrenechea, Aurelio Miró Quesada Sosa, Estuardo Núñez, Carlos Cueto Fernandini, Luis Felipe Alarco, Juan Bautista Ferro, Walter Peñaloza...

Facultad de Derecho. Víctor Andrés Belaunde, Manuel Augusto Olaechea, Javier Prado, Antonio, Luis y Óscar Miró Quesada de la Guerra, José León Barandiarán, Carlos Fernández Sessarego, Max Arias Schreiber, Jorge Eugenio Castañeda...

Facultad de Ciencias. Federico Villarreal, Godofredo García, José Tola Pasquel, Gerardo Ramos, José Reátegui...

San Marcos siguió cumpliendo con la formación de nuevas generaciones, hasta que el terrorismo comenzó su criminal actividad en Ayacucho. Se fue expandiendo hasta que llegó a Lima e impuso una monstruosa tiranía en San Marcos. Sus integrantes eran una pequeña minoría, pero sus amenazas de muerte aterrorizaban a la mayoría estudiantil. Hasta que durante el régimen dictatorial de Fujimori ingresó la policía a la universidad, los obligó a izar el pabellón nacional y ponerlo en lugar de la bandera comunista que habían colocado los senderistas. En sí, se trató de una acción loable. Pero, desgraciadamente, lo que hizo, después el Gobierno resultó negativo, pues nombró una comisión interventora para expulsar de la universidad a los profesores, en donde había algunos pocos comunistas, pero nunca debieron expulsarlos, pues en San Marcos siempre reinó la libertad de cátedra. Además, expulsaron a más de 300 profesores, y nombraron a otros para reemplazarlos, que eran mediocres y sin méritos suficientes para ocupar una cátedra en nuestra famosa universidad. Y como si esto fuera poco, redujo el presupuesto de la universidad al mínimo. Naturalmente, este hecho produjo una visible decadencia en nuestra institución.

Pero San Marcos no puede morir. A partir de la caída del dictador nuestra universidad se ha ido reconstituyendo, aunque falta nombrar una comisión de investigación para deslindar responsabilidades, a partir de los acuerdos de la Comisión de la Verdad de esta nuestra casa de estudios. Los profesores expulsados se fueron reincorporando, hasta que todos regresaron a sus cátedras, menos unos cuantos que, voluntariamente, decidieron no retornar al claustro.

Poco a poco San Marcos ha ido mejorando y hoy día, gracias a la eficaz labor del rector Luis Fernando Izquierdo Vásquez, con la entusiasta colaboración de profesores y estudiantes, la enseñanza, la extensión cultural y la casa editora de la universidad han alcanzado un nivel que se acerca al de los viejos tiempos.

¡Vida y gloria a la Universidad de San Marcos!