Misterioso crimen por resolver
Dirincri investiga ensañamiento con el que actuaron los atacantes
La casa de dos plantas, de color fucsia, con el número 859 de la avenida General Garzón, en Jesús María, guarda más de un enigma para los vecinos y la policía que investiga el asesinato de las tres personas que la habitaban: el propietario, Julio Dante Ibarra Ganoza, de 63 años y natural de Cajamarca; y las hermanas Davis Gonzales Chumbe y Gilma Doris Sánchez Chumbe, de 23 y 21 años, respectivamente, oriundas de Yurimaguas.
Para nadie en el vecindario ni para la familia de Ibarra Ganoza, de la que estaba separado más de 30 años, era un secreto que este convivía hacía seis años con la mayor de las hermanas. "Dante era una persona muy correcta, un caballero y se llevaba bien con todos. Davis era su adoración. Todos apreciábamos a las dos muchachitas, incluso los hijos de Julio Dante, que venían de visita con frecuencia", recuerda Esperanza de Castro, vecina y consuegra de Ibarra Ganoza o don Dante, como simplemente lo llamaban sus vecinos.
Los cuerpos fueron encontrados por Mervi Gonzales, de 25 años, hermano de las muchachas. Él llegó a la vivienda a las seis de la tarde del jueves, tocó el timbre y al no recibir respuesta, decidió esperar. "Necesitaba entregarle a su hermana Davis una suma de dinero que le iba a enviar a su madre aprovechando la encomienda que Davis iba a mandar a Yurimaguas", relata José Alberto Vargas Paredes, amigo y paisano de Mervi (una de las primeras personas a las que este llamó por celular tras encontrar los cadáveres).
Una vecina testigo de la larga espera de Mervi facilitó al muchacho una escalera para que entrara a la vivienda, pues las luces de la casa estaban encendidas. Tras ingresar por una de las ventanas de la segunda planta, se horrorizó: en esa habitación estaba el cuerpo de Davis con la mitad del cuerpo sobre la cama, tirada boca abajo. En la otra habitación, también boca abajo y encima de la cama estaba Gilma Doris. Al tratar de salir de la casa vio el cuerpo de Julio Dante Ibarra Ganoza sobre un charco de sangre. Sus gritos alertaron a los vecinos de la quinta --de la que forma parte la vivienda de Ibarra--, y mientras algunos residentes atinaban a llamar a la policía, otros ingresaban a la escena del crimen para ver lo que pasaba. El primer patrullero en llegar a la escena del triple homicidio fue el de la comisaría de Jesús María.
BRUTAL INSANÍA Y CRUELDAD
Los investigadores de la División de Homicidios de la Dirección Nacional de Criminalística confirmaron que la puerta de la vivienda no fue forzada, por lo que descartaron el robo como móvil del crimen. Al parecer, las víctimas le abrieron la puerta a una persona que tenía algún tipo de familiaridad con ellas, pues la conocían. Este o esta, poco después, habría hecho pasar a un segundo sujeto que esperaba afuera.
Al parecer, los atacantes llegaron dispuestos a matar, así se explica que a Davis Gonzales prácticamente le abrieron el vientre a puñaladas. Las tres víctimas fueron degolladas, faltando poco para quedar decapitadas. Si bien el arma del crimen no fue encontrada por los investigadores tras revisar la vivienda hasta el mediodía de ayer, se cree que los homicidas utilizaron un machete para cometer el crimen. Según testimonios de algunos vecinos que ingresaron a la casa antes que la policía, los atacantes vaciaron todo cajón que encontraron a su paso. En la sala, el mantel de la mesa estaba arrugado, como recogido, y sobre el suelo, cerca del cuerpo de Julio Dante Ibarra, un mazo de cartas esparcidas. Para la Dirincri no todas las cartas de este caso están sobre la mesa. La investigación empieza.
Habría habido traspaso de bienesSegún vecinos y amigos, Julio Dante y Davis se llevaban muy bien, al punto que los fines de semana, la casa de la cuadra ocho de la avenida General Garzón, donde fueron asesinados, era punto de encuentro y de almuerzos, en los que participaba, además, una tercera hermana, Lucy, quien trabaja como empleada doméstica, y una sobrina de ellas. Incluso, Julio Dante pagaba los estudios de computación de Gilma Doris, en un instituto de la avenida Arequipa.
Hasta donde se sabe, Julio Dante vivió diez años en Venezuela, lapso en que la vivienda de General Garzón, de propiedad de su madre, fue ocupada por su primera esposa y sus seis hijos. Cuando él retornó, hizo que la desocuparan. Y así ocurrió.
Dante Ibarra vivió solo hasta hace seis años, cuando entró en su vida Davis Gonzales.