Tres historias con finales diferentes

La emergencia producida ayer en la Embajada de Rusia en Costa Rica no es una situación nueva para las autoridades de este país, donde hechos similares se presentaron años atrás en las sedes diplomáticas de Chile y Nicaragua.

El secuestro más trágico fue el de la embajada chilena, ocurrido el 28 de julio del 2004, cuando el policía costarricense José Orlando Jiménez, quien custodiaba la legación, acabó con la vida de tres diplomáticos chilenos.

El policía, aparentemente enajenado por la notificación de un cambio de lugar de trabajo, mató a tres de sus 10 rehenes y luego se suicidó. Después de más de seis horas de incertidumbre, el secuestro acabó cuando la policía penetró en el recinto diplomático.

La otra toma de rehenes ocurrió en 1993, cuando un comando integrado por cinco nicaragüenses se atrincheró con 24 personas en la Embajada de Nicaragua, en San José, del 8 al 21 de marzo.

El comando liberó el día 11 a nueve rehenes y el día 18 a otros cinco dentro de las largas negociaciones. El día 21 los secuestradores liberaron a los últimos rehenes, acordaron con las autoridades su regreso a Nicaragua, así como algunas concesiones económicas.