Comentario del editor: ¿Podrá el Congreso ser más popular que Meche Cabanillas?

"El reto de la legisladora no es solo revertir el descrédito de su institución, sino también acabar con el otoronguismo"

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Por Juan Paredes Castro

Casi siempre la percepción y el entendimiento de los peruanos sobre la política interna no es solo contradictoria, sino insólita.

Nadie se explica --digámoslo así-- por qué la presidenta de un Congreso tan desacreditado puede exhibir los mayores signos de aprobación en su gestión en lo que va del régimen.

Ella misma, por lo mismo que es inteligente, tendría que estar preocupada por ello. No es que San Pedro tenga que bendecir lo que Dios le dio en el camino.

¿Será que la gente reconoce a Mercedes Cabanillas como la encarnación de quien rema contra la corriente, no importa a dónde lleve su nave y cuáles sean sus tripulantes, fuera y dentro de borda?

Por muchos años ha pasado esto mismo con Martha Hildebrandt, que nunca perdió aprobación ni popularidad pese a los congresos por los que pasó y por el que dirigió y en qué tiempos y bajo qué situaciones políticas. Hay, pues, una suerte de doble cuerda de percepción pública que no necesariamente liga lo personal con lo institucional.

¿Quién le encuentra una explicación profunda a este comportamiento de nuestra política?

Lo más cercano a la realidad es que hace tiempo los peruanos separan al Congreso como institución de sus partes integrantes, entre ellas los congresistas. En este caso, Cabanillas sería mucho más apreciada por sus virtudes personales y su carisma político que por su gestión presidencial del Congreso y su ascendiente sobre la bancada aprista, que no es mayor que la que tienen Jorge del Castillo y Mauricio Mulder.

El reto de Cabanillas es, pues, doble: bregar para que el Congreso recobre respeto y credibilidad y hacerlo a tal punto que la aprobación institucional remonte ese bajísimo 29% que exhibe hoy en el ámbito nacional. El 52% de su presidenta tendría que ser precisamente la piedra de toque propicia para lograr identificar sus esfuerzos de cambio con los resultados institucionales.

Por ahora la oportunidad que se abre en este camino es el de la reforma del reglamento parlamentario, al que Cabanillas ha decidido cambiar y modernizar sustancialmente. Ha demostrado con ello que sabe escuchar y que aprende de los golpes sufridos por ella y por el Congreso, aunque todo este cambio y modernización debió impulsarlo desde el 29 de julio del año pasado.

Sería un éxito para Cabanillas llegar a su voceada reelección en el cargo con un congreso ya no en 29%, sino en 35% de aprobación.

Para entonces ya tendría que estar en el Poder Judicial el conocido manojillo de congresistas que aguarda su desafuero.