MUCHO OJO

Habla con ellos

Por Fernando Vivas

Después de tanto trajinar sus ectoplasmas en todos los géneros --terror puro, ciencia ficción, policial fantástico, dramas místicos, comedias delirantes-- los fantasmas no han perdido peso porque metafísicamente nunca lo tuvieron. Pesaron, sí, pero en seriedad.

En "Ghost Whisperer", por ejemplo, irrumpen en un tris, sin necesidad de acordes chirriantes o derroche de efectos especiales. No espantan a nadie y menos a Melinda Gordon, la médium del título, cuya traducción literal es "la que murmura a los fantasmas". La única ventaja de esta trivialización de los cucos es que ya casi no patean la verosimilitud de los relatos: basta establecer las pautas de cada caso --¿pueden hablar?, ¿tienen algún grado de materialidad?, ¿ya murieron o están en alguna forma de limbo?, ¿son zombis?-- para que el público las siga con generosa credulidad.

Melinda (Jennifer Love Hewitt), además, está lejos de los médiums del pasado. No entra en trances hiperhistriónicos para revelar el lado más oscuro del drama, conversa de tú a tú con el primer aparecido y se compromete a la intermediación entre este y sus asuntos pendientes en la tierra. Es una detective privada, una 'private eye', una facilitadora o intermediaria práctica entre los recién idos y los quedados.

El creador de la serie, John Gray, optó por la media tinta dramática. ¿A qué me refiero? Que eliminó el humor que pudiera emparentar a Melinda con las aventuras de los cazafantasmas y también se apartó de la solemnidad de los thrillers místicos que buscan apantallarnos con su invocación de lo desconocido.

"Ghost Whisperer" evita tanto la comedia y la solemnidad que se queda en la media tinta, en una por ratos insoportable levedad con Melinda, ayudada por su esposo paramédico Jim (David Conrad), se aboca a resolver casos de muertos que no acabamos de entender qué sienten y qué no sienten, y vivos tan ligeramente esbozados, que parecen indiferentes a la angustia de sus difuntos. A la pausa doméstica a cargo de Delia (Camryn Manheim), quien maneja la tienda de Melinda, le falta color y fuerza. Estos fantasmas no asustan ni dan risa, solo sirven para pasar el rato.