Noticias del imperio, de Fernando del Paso

Las deudas de la memoria

Recientemente la revista mexicana Nexos proclamó a Noticias del Imperio, de Fernando del Paso, como la novela más importante escrita en México en los últimos 25 años, pretexto ideal para visitar una obra fundamental de la narrativa latinoamericana contemporánea.

Por Peter Elmore

"Lo que sucede es que en eso se ha convertido este Imperio: en una sucesión de espectáculos", declara, entre la irritación y el desaliento, un oficial francés cuya voz se cuenta entre las muchas que traman Noticias del Imperio, la vasta y coral novela histórica del mexicano Fernando del Paso. El relato exhibe y examina -al modo de una muestra elaborada por un curador minucioso- el fallido intento de implantar durante la década de 1860 en México, bajo el patrocinio de Napoleón III, una monarquía francófila cuyas cabezas visibles serían el archiduque austríaco Maximiliano y su esposa, la princesa belga Carlota.

A mediados de 1864 llegó Maximiliano a México, animado por el deseo quimérico de regir paternalmente a sus nuevos súbditos. Lo sostenían las tropas de una potencia extranjera que, en 1861, le había declarado la guerra al gobierno liberal de Benito Juárez cuando éste se permitió la osadía de suspender los pagos de la deuda externa mexicana. Efímero y desastroso fue el régimen del gobernante impuesto por los invasores franceses y los conservadores nativos. El 19 de junio de 1867, en la ciudad de Querétaro, habría de morir fusilado el monarca. Lejos de ser furtiva, la ejecución se desarrolló como una solemne puesta en escena: fue la última ceremonia en la existencia de un maniático de los rituales y los protocolos. Así, el fusilamiento tuvo, a la vez, el rango de acontecimiento histórico y la forma de una representación. Por ello, el acto final de la vida del emperador no es solamente un episodio decisivo de Noticias del Imperio, sino el emblema mismo de la novela de Fernando del Paso: se trata, simultáneamente, de un hecho documentado y de un pasaje simbólico. Para del Paso, la Historia -en la arena social o en el espacio de la escritura- se revela, en un sentido radical, como un teatro de operaciones.

El presente en el pasado

Caudalosamente documentada y construida con laboriosa artesanía, Noticias del Imperio se extiende más allá de las 650 páginas. La extensión es, sin embargo, solo un indicio de la envergadura del libro. La verdadera clave de éste se halla en su capacidad de incorporar impulsos y enfoques que, en apariencia, se oponen. Así, por ejemplo, el texto es tanto una erudita reconstrucción de época como un comentario implícito sobre el México contemporáneo. Es, también, un relato que pese a su amplio calado y su compleja arquitectura se opone, con irónica y ponderada energía, a una visión monumental de lo histórico.

No es casual que en la década perdida de 1980, mientras del Paso escribía la tercera de sus novelas, el peso de la deuda externa abrumara a la economía mexicana y el muro del continuismo autoritario del PRI estuviera ya próximo a desplomarse. La crisis del pasado refracta la crisis del presente, el drama de otro siglo evoca la encrucijada actual. A la vez, sin embargo, el novelista recrea con pasión de anticuario y cronista el mundo en el cual Maximiliano y Carlota -que sobrevivió por más de seis décadas a su esposo y murió, loca, en su Bélgica natal- representaron sus papeles. En Noticias del Imperio, Fernando del Paso acopia con avidez las palabras y las cosas de un pretérito único e irrepetible: desde los pregones de los vendedores ambulantes de Puebla hasta el recuento de los cuadros que decoraron el castillo triestino de Miramar, una miríada de datos tan recónditos como deslumbrantes le da espesor al mundo representado y relieve al estilo. Esa erudición fastuosa y exacta -que en esta obra hace recordar a la que en Salammbó, a propósito de la decadente Cartago, despliega Flaubert- se advierte ya en los inventarios rapsódicos, de aliento surrealista, que enriquecen la segunda novela de Fernando del Paso, la admirable Palinuro de México.

El vasto reparto de personajes, la proliferación de voces y entonaciones, el amplio abanico de referencias y la multiplicidad de registros -que abarcan desde el comentario crítico hasta el monólogo lírico, pasando por la escena dramática y el sumario narrativo-podrían hacer que Noticias del Imperio fuera no solo una novela rica y compleja, sino también dispersa y amorfa. Del riesgo del caos la protege su diseño, que con precisa geometría ordena la expansiva materia de la novela: los doce capítulos impares de Noticias del Imperio albergan los desquiciados parlamentos de Carlota, mientras que cada uno de los once capítulos se divide en tres partes que guardan relativa autonomía entre sí. El hilo que atraviesa el texto, engarzándolo, es la voz extraviada y patética de la emperatriz loca. Irónicamente, el cauce formal del relato lo traza quien ha perdido la razón.

Carlota

Carlota aparece -oblicua o directamente- en otras obras mexicanas modernas. Se la halla en la pieza teatral Corona de sombra, de Rodolfo Usigli, y a su presencia se alude en Aura, de Carlos Fuentes. Fernando del Paso no hace que el peso de la crónica recaiga en la emperatriz senil, aunque ella es sin duda el personaje más memorable de Noticias del Imperio. Más que una testigo de la Historia, Carlota es su despojo y, paradójicamente, también su garante. Maximiliano pagó con la vida el haberse prestado a la aventura de Napoleón III, probando con su destino que los países hispanoamericanos no eran ya terreno fértil para el colonialismo de viejo cuño. En la novela, sin embargo, el sacrificio de su esposa es más patético y de mayor alcance. Ella es la víctima propiciatoria que, con su desolada existencia, prueba que la memoria histórica consiste -como ha señalado Michel de Certeau-en una particular relación entre los vivos y los muertos. La viuda decrépita siente que ella ("yo y la historia, que estamos vivas y locas", afirma en el curso de un monólogo) tiene la obligación de recordar al marido difunto e imagina, en otro de sus soliloquios, que ha "comenzado ya a escribir, con tinta de verdad, con la tinta morada de la amapa rosa que me trajo Blasio de México, la historia trivial de mi locura y de mi soledad, las memorias vacías de sesenta años de olvido, el oscuro diario de veintidós mil días que se transformaron en veintidós mil noches". El lapso dilatado del luto no solo está consagrado al ausente sino que es, él mismo, una forma activa de la ausencia. Ya casi al final de la novela, Benito Juárez recuerda en su lecho de muerte una frase de Voltaire y, al reflexionar sobre ella con melancólico humor, complementa las divagaciones de la esposa de su adversario: "'La historia es una broma', decía el francés, que los vivos les jugamos a los muertos...' Parte de la broma, de la fantástica broma era, desde luego, que los muertos no se enteraban: no sólo de lo que se decía de ellos, sino tampoco, claro, de lo que se decía que ellos habían dicho".

Ni mera alegoría del presente ni crónica ilusoria del pasado, la tercera novela de Fernando del Paso es un artefacto de la memoria y un documento de la imaginación. "¿Qué sucede -qué hacer- cuando no se quiere eludir la historia y sin embargo al mismo tiempo se desea alcanzar la poesía?", se pregunta la voz autorial casi al término del libro. La respuesta -brillante, densa, polémica- es la propia Noticias del Imperio.