Warhol y la explosión de un nuevo arte

"Pop es todo"

Desde el próximo martes 29, en la galería del CCPUCP, se presenta una exposición antológica del provocador y ubicuo Andy Warhol, uno de los artistas cruciales de la segunda mitad del siglo XX. Warhol fue una de las cabezas visibles de una estética y una actitud creativa que viró irreversiblemente el destino del arte contemporáneo. ¿Qué significa hoy el arte pop?

Por Diego Otero

Vista en perspectiva, la historia del arte es siempre un mapa de sorprendentes vaticinios. Cuando en 1956 un grupo de artistas y críticos ingleses (Richard Hamilton, Edouardo Paolozzi, Lawrence Alloway, entre otros) decide poner en escena una exposición denominada Esto es mañana (This is tomorrow), muy probablemente no tenían idea de que sus intuiciones discursivas generarían un efecto dominó de proporciones, que cruzaría el Atlántico y que se introduciría, a veces radicalmente, a veces de manera sutil y paulatina, en los modos de creación y circulación del arte. Eso, efectivamente, era mañana.

Las obras de la exposición, en especial el pequeño collage que recibía a los visitantes en el umbral del Whitechapel Art Gallery (una obra de Richard Hamilton denominada ¿Qué es lo que hace que los hogares de hoy sean tan diferentes, tan atractivos?), eran una suerte de boceto de las convenciones que el arte pop, luego, a los pocos años, empezaría a consolidar y a institucionalizar. Ya el propio Hamilton, en 1957, definía su trabajo en las coordenadas de la cultura de masas: un arte popular, capaz de jugar, con provocador sentido crítico, a ser mercancía; un arte inspirado en lo transitorio y lo desechable; ingenioso y sexy. Y sobre todo, un arte joven.

Estados Unidos, El Dorado
Este conjunto disímil y osado de creadores se hacía llamar el Grupo Independiente, y sus inquietudes eran un reflejo de la prolongada resaca de la guerra; un documento vital de la problemática, a ratos contradictoria, fascinación que sentía Inglaterra por la cultura popular urbana que prendía como un fuego voraz en Estados Unidos. (En parte se envidiaba el "american way of life", pero también se pretendía criticar el vacío y la superficialidad de ese modo de vida). Pero no solo eso. El Grupo Independiente estaba interesado en proponer un arte que fuera un golpe seco y definitivo contra los remanentes de romanticismo y solemnidad que prevalecían en el arte abstracto de los años cuarenta y cincuenta.

En efecto, el comprensible y casi inmediato arraigo que experimentó el arte pop en Estados Unidos -un arraigo sostenido en alguna medida en el puente que tendieron las obras "neo dadaístas" de Rauschenberg y Jasper Johns, que incorporaban, con sentido cuestionador, elementos de la cotidianeidad en el espacio plástico- no solo desafió el reinado del expresionismo abstracto y su culto a la figura del artista como un ser radicalmente individual, conectado con búsquedas trascendentalistas, sino que significó una auténtica y definitiva vinculación entre la calle -los estímulos visuales y los símbolos que flotaban en la calle- y el mundo del arte del siglo XX, un mundo usualmente complejo, a menudo abstruso, reservado para una elite.

Superestrella o máquina
Andy Warhol es, definitivamente, el sumo pontífice de esta suerte de revolución de provocaciones; colores sintéticos y brillantes; velocidad y vértigo. "El negocio del arte es el paso que viene después del arte", escribió alguna vez. "Yo comencé como un artista comercial y quiero terminar como un artista de los negocios. Ser bueno en los negocios es el más fascinante tipo de arte". Más allá del escándalo y el cinismo, el legado del artista de padres checos nacido como Andrew Warhola se debe leer como un todo cuyo sentido se potencia en las fricciones y las paradojas que sus múltiples actividades creativas generaron.

Warhol fue pintor, cineasta experimental, director periodístico, representante y productor artístico de un grupo musical (The Velvet Underground, una banda crucial para la historia del rock), entre otras cosas. Pero su aporte sustancial al arte tiene que ver, básicamente, con dos conceptos enfrentados en mordaz pugna: Warhol hizo de sí mismo una superestrella y una máquina. Encumbró a su personaje -ese tipo flaco y de explosivo pelo amarillo que languidece con perversidad- al más alto escalafón de la farándula, generando desafíos morales, jaques, incomodidad; y planteó una propuesta simbólica que no solo se nutría de las atmósferas de la cultura de masas, sino que socavaba sus propios modos de producción, que son los de la máquina: la impersonalidad y la serialidad.

Nuestro pop
"Todo es hermoso. Pop es todo", dijo Warhol. Y de hecho no fue el único nombre de genio en el vasto y electrizado parnaso del pop estadounidense. Ahí están Roy Lichtenstein y sus luminosos juegos con la descontextualización y los climas emocionales de la ciudad. Ahí está James Rosenquist y su implacable ironía y cuestionamiento de la retórica creativa de las generaciones precedentes. Ahí están Claes Oldenburg y sus esculturas blandas (que han envejecido tanto como ha envejecido la inocencia y el entusiasmo de los sesenta). O Tom Weselman, que demostró que lo impersonal y lo sensual no tienen por qué ser antagónicos.

El arrivo del arte pop al Perú tuvo muchas resistencias, y se suele decir que al principio fue solo una asimilación epigonal. (En el libro Franquicias imaginarias, Jorge Villacorta y Max Herández Calvo afirman que ese rechazo puede tener que ver con una necesidad -de elite- de no brindar preponderancia a los dominios de la opinión sobre los de la crítica). El caso es que aún hoy vibran los trabajos de Zevallos Hetzel, Emilio Hernández y Luis Arias Vera, entre algunos otros que abrieron la brecha para que el Grupo Huayco, a inicios de los ochenta, desarrollara eso que se conoce como "pop achorado", un conjunto de propuestas formal y simbólicamente vinculadas a las problemáticas de nuestra sociedad. El eco de estas propuestas extiende sus brazos hasta hoy. El pop ha triunfado.

Una red pop
El pop inglés y estadounidense -y luego el pop asimilado e interpretado en casi todas las sociedades contemporáneas- dio una serie de otros nombres interesantes, que en algunos casos no son tan conocidos, pero que han dejado -o están dejando- obras sugerentes, diversas, atractivas. Peter Blake (célebre por la carátula del Sargent Pepper de Los Beatles), Wayne Thiebaud, Edward Ruscha, Robert Indiana, o el japonés Takashi Murakami (http://www.takashimurakami.com), que surgió en los noventa y que ha echado mano del pop y de las nuevas formas del conceptualismo, son algunos ejemplos incontrastables.