"Creo que el Perú ha entrado en una etapa de maduración"

Por Francisco Tumi Guzmán

Estuardo Núñez es quien abre la modernidad de los estudios literarios en el Perú con el libro "La poesía de José María Eguren", publicado en 1931. Su obra crítica está desperdigada en decenas de libros y artículos dedicados al estudio de la poesía y la narrativa peruanas, y en otros volúmenes sobre los viajeros extranjeros que han recorrido el país y han escrito sobre él. Barranquino de toda la vida, fue condiscípulo de Martín Adán en el Colegio Alemán y más tarde cotertuliano de José Carlos Mariátegui y amigo de Jorge Basadre. Es una figura capital de la cultura peruana del siglo XX que se asoma al siglo XXI con una mirada lúcida e insólitamente expectante, sin rastro de nostalgia por el pasado, como se verá en las siguientes líneas.

¿En qué piensa un hombre de letras cuando se acerca a los cien años?
Usted utiliza una expresión un poco suave para decir que soy un viejo demasiado viejo. Pero, en realidad, lo que podría decir es que estoy en los últimos tramos para lograr el centenario, para poder decir que tengo algunas particularidades que no son tan comunes. No es común que se llegue fácilmente a los cien años. Se supone que un hombre a esta edad ya ha perdido sus facultades naturales de ser humano.

Eso, sin duda, no pasa con usted.
Bueno, eso no pasa conmigo. Nunca pensé en llegar a esta edad. He llegado a los cien años sin darme cuenta, a pesar de que había la posibilidad por parte de mi madre. Ella también fue longeva y, aunque no llegó a los cien años, sí vivió hasta los noventa y tantos en la plenitud de sus facultades. Pues es muy fácil llegar a una edad avanzada como esta, pero sin salud, sin facultades.

¿Cuáles son ahora sus recuerdos más intensos y persistentes?
Uno recuerda mucho otras épocas que ha vivido con más intensidad que el presente. Pienso mucho en mi juventud, en mi madurez, y en último término también en la soledad, pues llegando a los años a los que yo he llegado me encuentro con que todos los que me acompañaban en mi época de juventud y madurez han desaparecido.

¿Qué es lo peor de la soledad?
Prácticamente no tengo amigos de mi juventud. No tengo esa experiencia que puede tener todavía un hombre de 50 o 60 años, que aún puede ver a sus compañeros de vida. Mis compañeros ya han desaparecido. Yo me salvo un poco de todo eso gracias a que mi familia participa de esta prolongación de mi vida. Los siento muy cercanos.

¿Se siente a gusto en estos comienzos del siglo XXI?
A los cien años se ve la vida de una manera distinta. Se ve que la vida transcurre, que es corta para realizar cosas, que tiene muchos atractivos de juventud que uno no disfrutó en su momento, en su plenitud. Sin embargo, también se desarrolla la capacidad de disfrutar de la vida en estos años avanzados. Para un hombre de mi edad, hay muchas novedades. La vida le proporciona a uno la oportunidad de ver cosas y actitudes distintas, de estudiar la conducta de personas con otros horizontes.

¿El Perú ha mejorado o ha empeorado?
Yo creo que el Perú ha entrado en una etapa de maduración. Hoy día se ven las cosas de una forma más clara y directa que lo que podía ver un hombre de mi generación años atrás. Nos podíamos haber quedado con un país estático, sin posibilidades de progreso, pero los cambios se observan en muchos aspectos de la vida.

¿Cuándo empezó a notarse más el cambio?
A partir de los años 50, de los años 60, lentamente. No puedo decir qué es lo principal que ha cambiado, pero uno observa actitudes que indican que uno sigue progresando. Yo no me he quedado congelado. Estoy percibiendo y viviendo una etapa que resulta más prometedora que la anterior. La vida significa buscar nuevos retos. Hay necesidad de alcanzar realidades que antes no se había uno planteado o afrontado.

No parecen molestarle los cambios producidos.
Es que la vida se hace cada vez más activa. Toda las cosas tienden a renovarse, a cambiar a una velocidad increíble. Han cambiado incluso los medios de comunicación, las cosas que a uno lo rodean. Yo he nacido y he comenzado a vivir cuando había tranvías eléctricos en la ciudad. Ahora han desaparecido los tranvías, pero han aparecido otros medios de vida, vehículos que se mueven gracias a la electricidad o a la gasolina, hay transporte aéreo. Todo eso ha cambiado en menos de un siglo.

¿Alguna vez se interesó por la política?
Cuando era joven, en la época de mi formación intelectual. Entonces empecé a tener esas inquietudes, a preocuparme por la vida pública. Era la época de la juventud universitaria, de la generación clausurada. El Perú era un país retardatario y de poco fervor progresista. Se trataba de buscar caminos nuevos. Varias veces en mi vida intenté participar en un partido, por lo general de corte progresista. Siempre me atrajo lo nuevo. Nunca formé parte de un partido político, pero sí participé en muchas inquietudes de los políticos que surgían entonces.

¿Tuvo alguna relación con el Apra?
Ninguna. Yo veía en el Apra una posibilidad un tanto remota de lo que podía hacerse en el Perú. No estaba en contra de lo que significaba el Apra, pero no me parecía que el Apra fuera a constituir un país con perspectivas nuevas.

¿Cómo fue su relación con José Carlos Mariátegui?
Lo conocí mucho y muy de cerca. Iba y participaba en las tertulias que él hacía en su casa, con gente de distintos niveles de izquierdismo. Allí siempre había gente de varias tendencias ideológicas. No solo había comunistas; había también gente de ideas avanzadas en general, tanto para lo público como para lo privado. Estuve con Mariátegui. Él estaba identificado con ese plan de cambio y de mejoras de las condiciones de vida, de cambio de la formación social que el Perú necesitaba. Lamentablemente, murió pronto.

¿Por quién votó en 1956 y en 1962-63? ¿Por Belaunde?
Sí, por Belaunde. Él representaba el progreso, pues era un hombre de gran capacidad intelectual y planteaba un gobierno civil. Era un hombre nuevo, expresaba un cierto idealismo político. Representaba a los nuevos políticos. Yo consideré que Belaunde traía una ideología producto de la meditación sobre los grandes problemas del país y que, por lo tanto, representaba el progreso social.

¿También se sintió cercano a Vargas Llosa en 1990?
Me impresiona enormemente el giro, la validez y la solidez del avance de juicio que tiene Vargas Llosa, que me parece lo más serio en política de los últimos años en el Perú.

¿Sigue leyendo sus novelas?
No me interesa lo que está produciendo últimamente Vargas Llosa. Lo que importa es el conjunto de lo que ha producido. Es realmente un caso admirable que no se había dado en el Perú hasta ese momento, con todos sus defectos y con toda la experiencia frustrada de los últimos años, al pretender entrar en la política activa.

¿No debió hacerlo?
No debió hacerlo porque ahí perdió el lustre, la --digamos-- posibilidad de presentar un claro panorama político. Tanto es así que a partir de allí va bajando el vigor que tuvo Vargas Llosa como escritor. Fue un error tremendo que señaló su fracaso en el caso de la política.

¿Cómo se considera usted en la actualidad: un hombre de izquierda o de derecha?
Hombre de derecha nunca me he sentido. Me considero un hombre de izquierda, un hombre que aspira a cambiar muchas cosas, que aspira a abrirse nuevos caminos, a trabajar en un sentido positivo para un país mejor. En ese sentido, me siento un hombre de izquierda.

¿Qué le parece el momento político actual?
Estamos viendo que se están cambiando muchas cosas. Es un momento crucial en el Perú, pues se están abriendo nuevas perspectivas futuras. En el Perú ha habido en los últimos tiempos una tendencia a conformarse con una manera de hacer política que no es la más adecuada. Ha primado más el interés de grupo, el interés de triunfar en una gesta política, en lugar de que prime la voluntad de cambiar el país.

¿Por qué cree que ahora es diferente?
Porque hay más decisión de hacerlo y porque además hay más urgencia de hacerlo. Hay una tendencia hacia ello más generalizada que antes. Es una tendencia que abre nuevas perspectivas. Antes se buscaba ser un profesional de la política para vivir de la política. Lo que se buscaba era el provecho. Hoy día se está pensando de otra manera. Por supuesto, hay gente que sigue en lo mismo, pero eso se va perdiendo, como estamos viendo en el caso del Apra.

¿Qué piensa del Apra actual?
El Apra ha perdido la fuerza punto a punto. En un momento dado, como partido de masas, podía disponer del país y podía construir una etapa histórica. Pero hemos visto cómo se ha debilitado, no solamente porque se han muerto los líderes históricos y hay nuevos líderes, sino porque todo ha cambiado. Esto abre nuevos cambios y nuevas perspectivas.

¿Dentro del Apra?
Dentro del Apra y fuera del Apra.

¿Qué opina de este segundo gobierno de Alan García?
Se advierte una inquietud renovadora, aunque ya no tiene la fuerza de años anteriores. Pero están surgiendo nuevas posibilidades. No esas posibilidades improvisadas de gente que no ha participado de una sana inquietud política, sino aquellas basadas en una posición ideológica sana, de buen criterio, de flexibilidad para ciertas cosas, de amplitud ideológica. Todo eso puede contribuir a esclarecer un poco más las perspectivas y el futuro de la vida política nacional.

¿No es muy optimista?
¿Vamos a creer que hay alguna posibilidad de perspectiva para, por ejemplo, ese señor que pensó que podía haber llegado a la presidencia de la República y que felizmente no llegó?

¿Se refiere a Humala? ¿Qué hubiera pasado si hubiera llegado?
Me refiero a Ollanta Humala, exactamente. ¿Qué hubiera pasado? Pues un desconcierto total.

¿Cómo se entera de los sucesos de la política?
Por los periódicos, por la televisión, por lo que converso con mi familia y mis amigos.

¿Trabaja ahora en algún libro?
Tengo varias cosas que están en perspectiva, pero me faltaría algunos años más de vida para poder hacerlos realidad. Sin embargo, los acontecimientos se desarrollan con tal velocidad...

¿Piensa en la muerte con frecuencia?
No, no pienso en la muerte. Pienso en mi destino, en mi destino personal, que no es lo mismo que la idea de la muerte. Me acerco a los cien años con la misma buena voluntad y la fe y el vigor que puede tener todo lo nuevo en todos los aspectos, incluso en materia política.

¿Cree en Dios y en la otra vida?
Sí, creo en Dios. No soy un religioso activo, pero sí creo en otra vida. Creo en Cristo, pero no soy un gran fervoroso, ni mucho menos.

¿Tiene curiosidad por saber lo que hay al otro lado?
Sí. Pero todavía no se ofrecen las circunstancias para ese trance. Aún espero alcanzar algo de vida. Puede ser un minuto más de vida.

LA FICHA
Nombre: Estuardo Núñez Hague.
Nacimiento: Barranco, 5 de setiembre de 1908.
Formación: Primaria y secundaria en el Colegio Alemán de Lima. Estudios de Letras y Ciencias Humanas en la Universidad de San Marcos, donde se doctoró en 1931 con una tesis capital sobre la poesía de José María Eguren.
Trayectoria: Entre una bibliografía abundante, destacan "Panorama actual de la poesía peruana" (1938) y libros sobre viajeros en el Perú. Ha sido catedrático en San Marcos y director de la Biblioteca Nacional. Es miembro de la Academia Peruana de la Lengua.

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