Se impone la mirada hacia EE.UU. y la Unión Europea
Poder de chavistas en toma de decisiones del país es marginal, pero tienen eco en concejos y sindicatos
"El Mercurio" / Chile
Equipo de Reportajes
SANTIAGO. En Chile, los chavistas prefieren llamarse bolivarianistas y circunscribirse al margen del poder oficial. Porque, pese a que en su reciente visita de Estado a Venezuela la presidenta Michelle Bachelet promovió acuerdos bilaterales en el rubro energético, comercial, de viviendas sociales y de defensa de la mujer, en el ámbito de gobiernos no existe más que una relación protocolar.
Quienes elogian abiertamente el proceso venezolano son miembros de movimientos políticos y sociales minoritarios, que se alinean en la izquierda extraparlamentaria y que son críticos del modelo neoliberal que han administrado los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia, que hoy lidera Bachelet.
Se trata de un movimiento que en las pasadas elecciones legislativas se agrupó en torno al pacto electoral Juntos Podemos Más. Sin embargo, las más de 30 organizaciones que lo integraron no lograron ninguna de las 115 diputaciones a las que postularon y obtuvieron solo un 7,4% de votación en el ámbito nacional.
Donde el llamado bolivarianismo sí marca presencia es en puestos de representación más directa, como concejos municipales, federaciones de estudiantes y organizaciones sindicales. Sin embargo, su poder en la toma de decisiones del país es marginal.
Parte de esta situación puede explicarse por la presente de-sarticulación interna del bloque "progresista'', pues el llamado a votar por Bachelet en el balotaje presidencial de enero de 2006 hizo que los movimientos más críticos al neoliberalismo decidieran marginarse de la coalición electoral Juntos Podemos Más.
Aún así, todos los movimientos que se identifican con el pensamiento de Simón Bolívar han seguido trabajando en forma independiente, silenciosa y poco onerosa. A través de encuentros nacionales e internacionales, trabajo poblacional o recibiendo asistencia social del Gobierno de Venezuela, los bolivarianos confían en poder crecer desde la base y sumar adeptos para el llamado socialismo del siglo XXI.
Hasta ahora, la única demostración palpable de su magnitud fue en marzo del 2006, cuando una concentración de nueve mil estudiantes, intelectuales, trabajadores, campesinos, indígenas y políticos concertacionistas conocidos por ser díscolos, recibieron al presidente boliviano, Evo Morales, bajo el grito constante de "¡Mar para Bolivia!".
En todo caso, tanto esa consigna como el sueño de hermandad latinoamericana que lo inspira, están lejos de ser mayoría en un país que lidera la firma de tratados de libre comercio con EE.UU., la Unión Europea, los países de la cuenca de Asia-Pacífico, China, Corea del Sur y Japón.
Tan poco ha penetrado en la sociedad chilena la tesis impulsada por Chávez, que durante el período previo a la votación del nuevo miembro latinoamericano para el Consejo de Seguridad de la ONU, la alternativa venezolana estaba lejos de ser valorada por la opinión pública.
Una encuesta encargada por "El Mercurio'' a la consultora Opina S.A. (setiembre del 2006) reveló que el 70,6% creía que no se debía apoyar a Venezuela. Solo 17,2% decía que el gobierno de Chávez era una buena opción.