Por Virginia Rosas
Ocho años en el poder y una bonanza petrolera jamás vista en la historia no han logrado hacer descender la pobreza en la Venezuela de Hugo Chávez, pese a que en sus discursos cargados de demagogia, los 'pata al suelo' --como él los llama-- ocupan un lugar privilegiado.
En un país que puede jactarse de ser el cuarto productor de crudo del mundo y que guarda las reservas petroleras más importantes del planeta, la pobreza solo bajó en un punto desde 1999, pese a que el petróleo alcanzó cifras que superan los 60 dólares por barril.
En Venezuela no solo campean la inseguridad y la incertidumbre jurídica. Chávez concentra en su persona todos los poderes del Estado y pretende que su política, "socialista del siglo XXI", está sacando al país del desempleo endémico, pero no es así. En realidad juega con las cifras al eliminar de las listas de desempleados a aquellos que se benefician de los programas sociales estatales. Las planillas del Estado aumentan cada año significativamente.
Decenas de grupos chavistas se enfrentan entre ellos, no por razones ideológicas, sino para disputarse los favores del coronel, que pretende gobernar Venezuela de manera indefinida. Una comisión encargada de reformar la Constitución trabaja de manera secreta para lograrlo.
Chávez dice que prefiere apostar por la democracia participativa en vez de la democracia representativa que repudia constantemente. Una ley habilitante le permite legislar durante 18 meses y él dice que quiere transferir el poder a las bases y que para ello han sido creados los consejos comunales.
Dieciocho mil consejos comunales, rurales y urbanos, fueron creados desde el 2006 y está previsto que lleguen a ser 30 mil. Estos reagrupan entre 200 y 400 familias de una misma comunidad y en ellos el derecho a voto se ejerce desde los 15 años.
El año pasado los consejos comunales recibieron el equivalente en bolívares a 1.500 millones de dólares y, para este año, Chávez ha prometido duplicar la cifra. El dinero puede usarse para rehacer las veredas de una comuna o en construir un albergue para jóvenes; en fin, en lo que la comunidad decida.
La idea, dice Chávez, es acabar con la ineficiencia y la corrupción que reina en su propio gobierno. ¿No contribuirá él mismo a este desorden con su improvisación y falta de planificación? ¿Puede concebirse un gobierno en el cual el Consejo de Ministros no se reúne?
Hay un detalle en esta aparente democracia participativa que nos lleva a pensar que los consejos comunales son un medio de control político y social para reforzar al caudillo: dependen directamente de la Presidencia de la República que decide, según sus preferencias, la atribución de fondos. El Estado soy yo, estilo Chávez.