La democracia interna que el Apra no debe burlar

U na institución política como el Apra, que acaba de celebrar sus 83 años de fundación, debe romper como señal de modernidad con esa vieja práctica de designar a dirigentes sin que medie la vital democracia interna, no solo en tiempos electorales sino también de renovación de su cúpula.

Precisamente, una ironía frente a esta larga trayectoria es que su Comité Ejecutivo Nacional (CEN) haya sido designado a través de un plenario y por la voluntad de su secretario general, cuando su propio estatuto establece que el relevo de estos dirigentes es competencia de un congreso nacional partidario.

En medio de la desazón que genera este hecho, conviene reconocer que solo algunos de los escogidos para el CEN aprista son funcionarios públicos. Ese es un buen avance. Tal detalle intenta marcar rutas y agendas distintas entre la vida partidaria y el Gobierno.

Cabe precisar que el CEN del Apra es el órgano que ejecuta la vida orgánica del partido y sus respectivas movilizaciones, pero existe otra instancia, como es la Comisión Política, que fija la línea de acción y que por cierto sostiene reuniones semanales de coordinación con el presidente Alan García.

Conviene invocar --y eso es lo que falta-- el cumplimiento de la Ley de Partidos Políticos que promueve y exige la elección interna para elegir a sus dirigentes y a sus respectivos candidatos. El Apra, por su historia y su condición de partido en el Gobierno, debe dar el ejemplo.