Son 22 reuniones las realizadas por tan criptográfica comisión y como la mayoría fue reservada no conocemos la agenda ni nada
Por Mariella Balbi
Además de otras desgracias, Fujimori y Montesinos nos legaron la cultura del secreto, de la antitransparencia; así podían cometer sus fechorías sin problemas. La metodología del sigilo y del fraude es letal para la democracia. Felizmente ese régimen ya pasó, pero dejó secuelas, el 'chuponeo' (no sabemos si existe o no), el denigrar al opositor a través de campañas mediáticas y la versión más risible y cómica de esta práctica: la Comisión de Inteligencia del Congreso. Revisando sus actividades vemos que desde el 10 de octubre del 2006 todas sus sesiones fueron reservadas. A cada fecha le corresponde una monótona página con los siguientes galimatías: aprobación del acta, seguida de despachos o documentos remitidos, debajo de esto figuran los rubros, informes (escritos, orales) y pedidos. ¿De qué, sobre qué, para qué? Misteeeerios..., como decían en la fantástica telenovela "Roque Santeiro".
Cuando preguntamos las razones de tanta secreta tontería, sus integrantes sostienen que ello se estipula en su documento de creación, criatura del anterior Congreso. Es una respuesta bien cándida, ante lo cual solo queda decir ¿y? Saliendo del monosílabo añadimos: modifiquen tan absurda disposición. Pero la tentación por el 'Cholo Holmes' parece ser más fuerte. Los integrantes --algunos buenos amigos-- detentan un estatus por encima del resto de sus pares, de ministros y hasta del propio presidente. Quienes tributamos y pagamos los salarios de esos parlamentarios no queremos sustentar su 'hobby' por lo arcano.
Son 22 reuniones las realizadas por tan criptográfica comisión y como la mayoría fue reservada, no conocemos la agenda, ni nada. Las fantasmales actas solo están actualizadas hasta el 27 de marzo y a través de ellas únicamente sabemos de varias licencias: a los señores Mulder y Andrade y a la señora Alcorta, desvinculadas del secretísimo quehacer. No tienen un pálido proyecto de ley presentado y en su inicio se acreditaron representantes del Ministerio del Interior y de la PCM (plof). Las dos escuetas paginitas de su plan de trabajo 'dizque' su función es fiscalizar al Servicio Nacional de Inteligencia (qué tal 'chamba') y presentar propuestas, sin que exista ninguna.
Esta malhadada comisión no encaja en lo que significa el Parlamento: un lugar de debate público, que debe ser examinado y evaluado por los electores. Sin embargo en su estatuto se lee que solo "los miembros permanentes pueden participar de las sesiones". Si algún otro colega quisiera asistir, lo hará únicamente si hay un acuerdo unánime de los cofrades (plof, bis). El mal ejemplo del ocultismo se está extendiendo en el Congreso; hace dos días hubo una reunión del pleno reservada, para tratar los escándalos recientes, así también está actuando la Comisión de Ética. Los ciudadanos tenemos derecho a conocer cada paso que dan nuestros representantes. Si estos quieren jugar a 'Cholo Holmes', alas y buen viento, pero que no insulten nuestra inteligencia.