Reflexiones sobre el plagio

Jura que no plagiarás

Si el pirata golpea al sistema, el plagiario asalta directamente la humanidad del autor

Por FernandoVivas
Periodista

La autoría es de lo poco que nos queda para recordar que somos humanos en una profesión de altísima virtualización: nos la pasamos maquetados, escaneados, pixelados, 'byteados', editados, 'googleados', 'bloggeados' e impresos, y se nos desvanece algo de humanidad en tanto ajetreo.

Por eso es importante que al final de cada uno de estos cibernéticos partos de los montes, que en mi caso son cinco a la semana, quede claro que hay un ser humano responsable de la criatura textual. No es vanidad, no es figurettismo, es el inalienable derecho a la identidad en un mundo cuyos avances brindan nuevos placeres y comodidades pero también nuevas inseguridades.

Esta recusación contra el plagio no tiene nada que ver con la piratería. Quiero comparar a uno y a otra porque algunos pueden pensar que se trata de similares golpes contra la autoría. No lo veo así. Quien piratea no golpea directamente al autor sino al sistema de regalías, impuestos, porcentajes y otras mediaciones montadas sobre aquel. Hasta hay quienes se erigen piratas en nombre de su anacrónico y romántico (e ilícito, por cierto) reclamo para disfrutar a los autores sin pagar intermediarios.

El plagio, en cambio, golpea directamente al autor, asalta su identidad, le arrebata la paternidad de su criatura. Es un crimen contra la ancestral y esencial humanidad del acto de escribir.

Por eso hay que combatirlo y minimizarlo. Luego del caso de Alfredo Bryce, convertido en plagiador serial, estamos en riesgo de convertirnos en una potencia mundial del plagio. Por eso, necesitamos correctivos urgentes. Sugiero algunos: 1) Incluir en los códigos de ética el explícito mandato de no plagiar, pues siempre queda implícito. 2) Sancionar severamente a los plagiarios, si no hay atenuantes con el despido o rescisión de contrato. 3) Que los editores obliguen a citar las fuentes de frases y datos prestados, desterrando esa fea costumbre de la crónica periodística que consiste en omitirlos para no 'ensuciar' el texto con digresiones. ¡Miseria del mal llamado periodismo literario!

Pues he sido víctima de esta última aberración y espero las satisfacciones de los responsables. En el número 78 de abril del 2007 de la revista "Gatopardo", el artículo "La poderosa voz de Yma Súmac", firmado por Diego Oré y Carlos Cabanillas, plagia frases y datos de mi columna verparacreer titulada "Rara avis del Perú" publicada en El Comercio el 8 de mayo del 2006.

Que pinten a Súmac (pág. 92) como rara avis, pasa como coincidencia, pero que escriban que su mánager Alan Eichler contó que en el show de David Letterman "cantó 'Ataypura' y que el célebre periodista Sam Donaldson masculló un sonoro awesome" es plagio. Eichler pudo contarles lo mismo, ¡pero no con la traducción que yo usé!

En la página 90, usando un texto demasiado parecido al mío, refieren el debut de Yma en la TV peruana. Pues se han apropiado de información que copié del libro "En vivo y en directo" y no cité la fuente pues soy el autor. Por cierto, me costó años de investigación. Que sirva este caso para poder debatir sobre los correctivos.