Si alguien hubiera dicho durante el primer gobierno de Alan García que la deuda externa desaparecería totalmente de la agenda del país y sería reemplazada por la preocupación en el movimiento de la bolsa, uno hubiera pensado que quien lo dijo estaba loco. Pocos temas como la deuda externa han logrado dominar tanto un período y hasta creado corrientes políticas. A diario se escuchaba decir que la deuda era impagable y que los acreedores eran los responsables (supongo que por confiar en nosotros). En suma, la única salida para el Perú era la moratoria buscando la condonación.
Hoy en su segundo gobierno y luego de más de 15 años de esfuerzos por renegociarla, refinanciarla o recomprarla, la deuda externa pública, que llegó a ser el 130% del PBI a fines de los ochenta, se ha reducido al 20% del PBI y caerá aún más cuando se implemente el último acuerdo logrado con el Club de París, con lo cual, como regalo de Navidad, podríamos recibir el grado de inversión. De esa manera, ese fantasma que recorría la región y que para muchos no tenía solución va camino al olvido, donde hace ya tiempo se encuentra su contemporánea aparición, la hiperinflación. Con ello ha quedado demostrado que sí es posible corregir los grandes problemas del país si se actúa con paciencia, eficiencia y persistencia.
Asimismo, paciencia es la única recomendación que se puede dar a quienes invierten en la bolsa, ya que con altos precios para nuestros minerales generados por una creciente demanda mundial, sumados a una economía creciendo a más del 7% y con ratios precio-utilidad en línea con los de otras bolsas de la región, no habría razón para pensar en un colapso mayor. Por otro lado, el susto del miércoles negro al menos sirve para devolver a la realidad a los que creían que la bolsa siempre daría ganancias exorbitantes, lo último que necesita el mercado de valores es que lo confundan con CLAE.
Lamentablemente dos grandes fantasmas nacionales --el subempleo y la falta de infraestructura-- continúan penando en nuestra economía. Esta semana se dio la paradójica situación de una huelga portuaria pidiendo modernización, convocada por los mismos sindicatos que los últimos 15 años se han opuesto a la entrega de los puertos en concesión. Durante ese período los contenedores que pasan por el Callao se han multiplicado por 10 y ahora llegan al millón, sin embargo seguimos siendo el único puerto importante del mundo que no tiene ni siquiera una grúa pórtico convirtiendo la descarga en un lento y costoso proceso. Quienes todavía creen que la actividad empresarial estatal puede ser eficiente, solo tienen que seguir la historia de casi dos décadas de indecisión en Enapu para una inversión, como sería el comprar esta grúa, para darse cuenta de su equivocación.
Finalmente, el fantasma de la falta de empleo aparece cada vez con más frecuencia. La reciente regulación de los 'services' laborales hará aún más difícil de lo que ya es el desarrollar en nuestro país una industria de servicios. Con lo cual, sin siquiera haber empezado, ya estamos excluyéndonos de la posibilidad de replicar el éxito de la India y generar la exportación de una masiva tercerización. Se sigue evitando por todos los medios que los nueve millones de subempleados puedan algún día llegar a un trabajo adecuado. Lo que ha demostrado el tema de la deuda externa es que es perfectamente factible desaparecer para siempre a los 'fantasmas sin solución', todo lo que se requiere es tener convicción.