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Santa Anita no solo hizo el milagro de que los limeños recuperáramos nuestro mercado mayorista con un desalojo pacífico y ordenado que develó la cobardía de Fernandino Nieto, rápido para olvidar lealtades a cambio de una prestobarba salvadora. El final feliz a un conflicto que marchaba raudo a su primer lustro de vida permitió volver a escuchar a nuestro alcalde, cuyas habilidades para caer en estado catatónico cuando las papas queman ya no sorprenden. Aunque agriete el rostro cuando le enrostran su vocación por hacerse el muertito, a juzgar por las encuestas, tan mal no debe sentirse. Estrategia mediática le llaman.
Pero el desalojo quirúrgico del último lunes no debe ser el único. Hay otros de la misma urgencia, en algunos casos por profilaxis, que no admiten postergaciones. En esta lista los primeros con aviso de desahucio por incumplimientos legales y éticos son las Canchayas y Mencholas que aparecen día de por medio en los medios de comunicación. La vieja sede del Poder Legislativo se ha convertido en una mansión de fantasmas, no por albergar a ciertos cadáveres políticos, sino por la cantidad de almas en pena que con el disfraz de asesores o técnicos infestan sus planillas a fin de beneficiar a unos cuantos vivos. Para sacarlos no hacen falta 'Robocops' o palas mecánicas: basta tener los pantalones bien puestos y altas dosis de entereza moral.
Lo mismo va a necesitarse si la justicia llegara a ordenar que desaparezcan los restaurantes que han miniaturizado las playas barranquinas. ¿Tendrán las autoridades la misma capacidad de indignación para hacer cumplir la ley, tal como lo hicieron con los comerciantes de Santa Anita?
El desalojo más reclamado por la afición es el de Manuel Burga, pero su ejecución entraña dificultades porque el aludido lleva puesta una coraza protectora marca FIFA. Ante esta situación existen dos opciones: mantener la presión para que en algún momento el sentido común lo ilumine y opte por el retiro decoroso o forzar una intervención política que derive en un castigo hacia nuestro fútbol, alejándolo de la competencia internacional. Hasta ahora la alternativa elegida es la primera, aunque vivir bajo permanente chantaje parece estar llevando a ciertas autoridades a intentar ensayar con la segunda.