Entrevista. MILAGROS DE VALCÁRCEL

Ejecutivas: "Yo creo que todos somos ángeles"

Amar a los animales genera beneficios inmensurables. Hoy ella exporta carnaza para perros, les hace el ajuar cuando se casan. Su empresa es la felicidad de las mascotas

Por Antonio Orjeda

Opinión personal: a fines de los 80 no había emisora como Doble 9. Los discjockeys no solo se hacían cargo de la música, sino también realizaban divertidísimas tandas comerciales. A esa generación perteneció Milagros de Valcárcel, quien a la mayor de sus hijos dio de lactar mientras operaba equipos y presentaba a The Cure. Le encantaba su trabajo, pero lo tuvo que dejar.

¿Qué pasó? El negocio que inició con su esposo comenzó a tomar cuerpo. Huesos de carnaza para perros. No, pues, no tenía nada que ver con la radio, pero sí con animales, seres a los que adora, a los que Milagros jamás dejará de proteger.

En el 2001, con fines proselitistas, el hoy ex parlamentario Heriberto Benítez soltó gatos en el Palacio de Justicia para que acabaran con los 'pericotes'. Hizo su circo, ganó prensa, pero de los gatos no se supo qué fue...
¡Imagínate! Tomas a unos pobres animales y lo haces para hacer una tontería. ¿Qué clase de sentimientos puede tener un ser humano que se maneja de esa forma? Un hecho como ese te demuestra de qué calaña es.

Todos debemos estar un poco enfermos, ¿no? Pues nos comemos el circo y no reaccionamos.
Y no solo eso, ¡si yo te contara la cantidad de casos que conozco a través de las asociaciones y albergues para animales! El ser humano puede llegar a niveles bajísimos... Hace poco supe de un tipo que, drogado, agarró a un animalito, lo quemó vivo y lo lanzó de un tercer piso... Hay casos dramáticos de los que nadie se entera porque cuando acudes a la prensa no te escuchan, porque eso no vende. ¡Esto no puede seguir así!

Y ese comportamiento no está determinado por el nivel económico o cultural.
¡Para nada! Ocurrió en San Borja.

¿Cómo terminó en el rubro mascotas?
Yo trabajaba en la radio y mi esposo tenía su negocio, pero de un momento a otro comenzamos a trabajar con la carnaza, pero como producto de exportación.

¿Por qué? ¿Cómo identificaron que ese era el producto?
Porque aquí no había. ¡La gente no sabía qué era un hueso de carnaza! Por eso, cuando comenzamos, fue duro: teníamos en contra el cliché de que el producto importado es mejor. Claro, tampoco apelé al chauvinismo de cómprame porque soy peruana. Mi eslogan fue: ¡Guau!, producto peruano (ríe)...

Pero ¿qué la condujo a esto? Porque usted trabajaba en una radio.
Sucede que yo siento un amor muy grande por los perros, ¡por todos los animales! Es más, estamos viendo la posibilidad de comprar una chacra y tener un albergue para acoger animales. Entonces, mi amor a los perros y el que mi esposo estuviese metido en la comercialización de productos nos impulsaron a que exploráramos qué podía pasar con la carnaza. Un negocio entonces virgen.

Empezaron en un pequeño local alquilado, en El Agustino.
Muy chiquito, y la mercadería la llevábamos al departamento en el que entonces vivíamos. Recogía a mis hijos del colegio --estaban chiquitos-- con la maletera repleta de huesos ¡y con ellos me iba a las veterinarias!

O sea que su departamento olía a carnaza para perro.
Sí (ríe)... ¡estaba lleno de cajas! Felizmente nos pudimos mudar, porque eso era increíble...

¿Cómo tomó cuerpo el negocio?
Dándole y dándole.

¿Qué es dándole y dándole?
Yendo a las veterinarias, tocando puertas, local por local: unos me atendían, otros no... ¡Hasta ahora me acuerdo del primer día! Fue un sábado, la primera veterinaria que visitamos fue la del doctor Raúl Benavente y fue excelente: ¡fue nuestro primer cliente! Me compró cinco huesitos. No importó la cantidad: mayor fue la satisfacción de ver que el producto se iba colocando.

¿Qué sintió?
¡Una satisfacción tremenda! Ves que valió la pena el sacrificio.

Claro, pero el encanto de la primera vez se acaba y comienza la verdadera preocupación. ¿Qué tan duro fue lo que siguió?
Muy duro, porque yo seguía trabajando en la radio; y mi esposo también. Esto fue calando y calando, ¡hasta que prendió! Pero ocurrió justo cuando mi esposo se tuvo que ir a Indonesia durante tres meses. Me planteó que pidiese licencia en la radio para encargarme del negocio y de los chicos. Eso hice, y para cuando regresó, me di cuenta de que ya no podía volver a la radio: la empresa había comenzado a crecer; yo ya había captado distribuidores... Así que, con muchísima pena, después de 13 años, tuve que dejar Doble 9.

La ganó el negocio.
Me ganó.

El año pasado compró un terreno en Huachipa para fabricar sus carnazas...
Gracias a la productividad que ha alcanzado la empresa, ¡que ha crecido tanto! Y no me refiero a la facturación, porque eso --si bien es importante-- no me quita el sueño. Lo que a mí me quita el sueño es saber que estamos progresando, y que lo hacemos de una manera honesta, transparente, ¡eso es muy importante! A veces un cliente me va a comprar algo y yo le ofrezco otra cosa que sé que es mejor, ¡pese a que cuesta menos! Yo siento que hacer eso me retribuye, me da más.

Lo que usted en realidad termina ofreciendo es confianza.
Tengo a mi público cautivo, ¡y me piden desde ajuares para matrimonio hasta camas que hagan juego con las cortinas de sus dormitorios! Muchos de los clientes no tienen hijos: sus hijos son sus mascotas...

¿Le piden ajuares para los novios, para los perros?
Sí, para que se casen. A medida, la ropa de cama que les hacemos también es a medida; ¡hay miles de detalles!

Si producía carnaza, ¿cómo llegó al diseño y confección de ropa?
¡Porque siempre me gustó! Mi abuela me inculcó el amor a los animales, desde niña.

Sin embargo, ese rubro casi se fracasa a causa de la piratería.
Fue terrible, ¡hasta ahora! Fuimos al Indecopi ¡porque algo se tenía que hacer! Pero no se puede: puedes patentar una marca, pero no un jean, no una casaca (que Milagros hace para perros). Estamos atados de pies y manos. Lo mismo pasa con los productos chinos, cuya carnaza sigue entrando...

¿Y cuál es el problema con ello?
Que no es carnaza natural; está mezclada con insumos químicos. Nuestro proceso de producción es completamente natural, por eso nuestros clientes nos escriben y preguntan qué componente tiene, porque sus perros ya no quieren otro hueso que no sea el nuestro...

No será cocaína, ¿no?
¡No! (ríe)... Es increíble, ¡hemos logrado una fórmula única!

¿Cómo comenzó con la ropa?
La idea fue ofrecer el paquete completo, y como yo ya sabía de eso (porque de niña le quitaba la ropa a mis muñecas para hacerle vestidos a mi perrita) comenzamos: primero con polares simples, el siguiente año hice casacas y fueron un boom.

¿No se supone que a los perros les basta con su pelaje?
Si bien existe lo que se llama el glamour canino, también es cierto que los perritos, ahora --con todos los cambios climáticos-- sí se resfrían. Entonces sí: hay que darles abrigo. Así se sienten más cómodos, duermen mejor.

¿No es absurdo brindarle atención a una mascota?
¡No! Están contigo, además ¡son lo máximo!

Son más leales que muchos humanos.
Su fidelidad es a prueba de balas.

Su objetivo, más adelante, es tener un albergue para perros.
Sí, porque además se puede: a Rex (su perro) lo encontraron deambulando en Surco; cada uno de mis tres gatos tiene su historia. Uno de ellos iba a ser fondeando en el mar; por eso te digo: hay personas con instintos bajísimos. Ya habían fondeado a dos y quedaban dos más. Uno se lo trajo mi hijo y el otro se lo llevó una niñita.

Sus hijos son antitaurinos.
Sí, ellos adoran a los animales.

¿Qué le parecen las páginas de sociales en las que salen los asistentes a las corridas de toros?
No me gustan. Si se pudiera cambiar ese concepto... porque ¿qué te puede dar? ¿Qué placer te puede producir ver matar a un animal? Si yo te enviara todos los correos que recibo sobre lo que le hacen a los animales, ¡es impresionante! Y no hay forma de frenarlos: no hay una ley que los proteja; solo lo hace la gente que trabaja en los albergues y que acoge a los animales. Por eso yo les digo que son unos ángeles...

Usted quiere poner un albergue, ¿también se quiere convertir en un ángel?
Supongo... yo creo que --con nuestras acciones-- todos somos ángeles en algún momento de nuestra vida. Me gusta pensar de esta forma, y también nutrirme de mi lado bueno.

LA FICHA
Nombre: Milagros de los Ríos de Valcárcel.
Colegio: Santa Margarita.
Estudios: "He hecho varios cursos de márketing y publicidad en una cantidad de sitios, pero lo que en realidad me ayudó fue trabajar en la radio (Doble 9), porque no solo era discjockey, también tenía que hacer labor de ventas, crear y producir los comerciales, cobrar al cliente: ¡todo! Eso me enseñó mucho".
Edad: 39 años.
Cargo: Gerenta general de Dentitoy.