Letra viva

Con olor a cieno

Por Ricardo González Vigil

El primer título que el Premio Nobel de Literatura 1998, el portugués José Saramago, pensó ponerle a sus memorias de infancia y pubertad fue "El libro de las tentaciones", invitando al cotejo con las "Tentaciones de San Antonio" pintadas por el Bosco. Lo animaba su espíritu no solo anticlerical, sino también ásperamente antirreligioso, decidido a "mostrar que la santidad, esa manifestación teratológica del espíritu humano capaz de subvertir nuestra permanente y por lo visto indestructible animalidad, perturba la naturaleza, la confunde, la desorienta" (p. 43). Es decir, una orientación acorde con las novelas que escribía hace dos décadas, blasfemas e irreverentes: "Memorial del convento" y "El Evangelio según Jesucristo".

Ese proyecto no prosperó porque Saramago prefirió seguir la recomendación del "Libro de los consejos": "Déjate llevar por el niño que fuiste". Y, aunque no deja de insertar pasajes anticlericales ("me empeñé en que la palabra 'sacerdote' debería leerse 'saquerdote'" p. 65) y reacios a las creencias religiosas (la complacencia con que dice que miraba al sacerdote en la misa, en los momentos culminantes en que los feligreses bajaban la cabeza o cerraban los ojos; el calificar de "intolerante" a Dios por una "pequeña ofensa" cometida por él, en la p. 83), logra Saramago liberar el niño que lo sigue habitando. En esos años la sensibilidad de Saramago quedó configurada en lo esencial, conforme lo simboliza hermosamente un poema: "Del ovillo enmarañado de la memoria, de la oscuridad, de los nudos ciegos, tiro de un hilo que me aparece suelto. / Lo libero poco a poco, con miedo de que deshaga entre mis dedos. / Es un hilo largo, verde y azul, con olor a cieno, y tiene la blandura a caliente del lado vivo. / Es un río () Allí se funden en una sola verdad los recuerdos confusos de la memoria y el bulto súbitamente anunciado del futuro" (pp. 17-18). No faltan vivencias de amor y de dicha; empero, priman las experiencias negativas: la culpa, el rencor, la frustración, la violencia, la maldad y la fealdad de un mundo corroído por el egoísmo, la ignorancia, la necesidad y la muerte. Entre las múltiples experiencias que recreará en sus novelas, citemos el desagrado que sentía ante un familiar ciego, germen de su obra maestra, su libro más terrible y visceral, "Ensayo sobre la ceguera": tenía los ojos casi blancos () lo que más me desagradaba de él era el olor que desprendía, un olor a rancio, a comida fría y triste a ropa mal lavada, sensaciones que en mi memoria quedarían siempre asociadas a la ceguera" (p. 135).

Título "Las pequeñas memorias"
Autor José Saramago
Editorial Alfaguara

MEMORIAS
Se trata de "las memorias pequeñas de cuando fui pequeño" (p. 44), explica Saramago. Recuerdos de su infancia y pubertad en Azinhaga; llegan hasta los 16 años cuando descubre a una pareja en coito adúltero. Reconstrucción de su tierra, con su río, plantas y animales; su familia, con la presencia de los abuelos maternos y la madre; de los amigos y enemigos en travesuras, incluyendo escarceos sexuales precoces; del colegio y de la magra educación católica que recibió. Un material recreado en sus novelas y poemas posteriores. Contiene un álbum de 17 fotos, anotadas por el propio Saramago.