"El control de los insumos químicos y el lavado de dinero ha detenido los desafiantes paros cocaleros"
Por Juan Paredes Castro
Poner en su sitio a los cocaleros ilegales no pasaba solo por sacar a Juan José Salazar y reemplazarlo por Ismael Benavides en la cartera de Agricultura.
Se requería, en verdad, dos cirugías profundas.
En cuanto a la primera, la decisión no se hizo esperar: Benavides optó por poner el tema del trato con los cocaleros ilegales en manos de Devida (léase Rómulo Pizarro) y del ministro del Interior, Luis Alva Castro.
Hay aquí, sin embargo, una precisión: el sector Agricultura no se apartará de su responsabilidad en el tema de los cultivos alternativos. Ni más ni menos que esto.
En cuanto a la segunda cirugía, vemos que el Ministerio del Interior y la Presidencia del Consejo de Ministros ya empezaron a actuar mediante una intensa presión sobre el narcotráfico para prácticamente obligarlo a replegarse de las operaciones de agitación social en las que se había involucrado.
En efecto, una de las estrategias de dominio territorial y delictivo del narcotráfico en el Oriente peruano consiste en asegurar su condición de aliado estratégico del terrorismo y de la siembra ilegal de la coca, que en este caso funcionan como sus principales fuentes de parachoques armado y de abastecimiento a todo costo.
Los paros cocaleros de los últimos tiempos se han organizado y desplegado con evidente apoyo del narcotráfico. Resulta por eso sintomático que a poco de la intensificación de las acciones policiales contra el transporte y la carga de insumos químicos, contra el lavado de dinero y activos (con un decomiso de más de tres millones de dólares en solo 23 días), contra el funcionamiento de 81 pozas de maceración y contra sembríos de hoja de coca ilegal en 251 hectáreas, se hayan desinflado las efervescentes manifestaciones antigubernamentales que brotaron a la sombra de actas contractuales que el gobierno se vio en la circunstancia de desconocerlas de inmediato.
Justo en momentos en que el propio gobierno reconoce la necesidad de mejorar sus estándares de gestión, la Policía Nacional muestra una estrategia inteligente y bien armada contra el narcotráfico, que le permite sacar a este de la retaguardia de los movimientos cocaleros ilegales que buscan imponer condiciones de ventaja al gobierno a través del chantaje y la violencia.
Es más: nosotros, que tanto habíamos criticado a la PNP por su vista gorda frente al tráfico de insumos químicos dirigidos a la industria de la cocaína, advertimos ahora lo que también estuvo implícita en nuestra crítica: que la PNP finalmente sería capaz de revertir algunas de sus pésimas actuaciones.