Sin amor y sonriendo

Renato Cisneros y sus Nuevos Poemas Italianos. El tercer libro del poeta limeño recurre a la anécdota del viaje a Italia como pretexto para emprender otro recorrido. Uno mucho más personal, riesgoso y sin retorno: el de la puesta en cuestión de las propias emociones.

Por Diego Otero

Con Nuevos poemas italianos (inobjetable edición del AUB), Renato Cisneros (Lima, 1976) vuelve a la poesía luego de cinco años de silencio. Un lapso relativamente prolongado que le ha permitido diluir el spleen crepuscular de sus dos primeras entregas (Ritual de los prójimos y Máquina fantasma) en una argamasa de ironías (y autoironías), juegos de sentido y de distancias, y una especie de clima risueñamente desencantado, que le da profundidad, matices y sutileza al conjunto. Los Nuevos poemas italianos realizan una serie de viajes simbólicos que se entrecruzan y reverberan: el viaje que va de la contemplación al ensimismamiento; o el que va de la ilusión al desencanto; o el que va del movimiento y el asombro a la quietud y la escritura, entre otros. "Los poemas abandonados en la mesa / se retuercen / y aletean / como las aves moribundas del último verano", dice Cisneros. Y desde ahí escribe, desde esa mesa inestable que es, a la vez, sala de cirugía, laboratorio de experimentación y espacio de ceremonia.

Por qué el viaje como punto de partida. ¿Es acaso cierto que uno debe alejarse para ganar perspectiva sobre su propia vida, sus emociones, sus fantasmas?
-La idea del viaje es un poco la idea de definirte a partir de lo que te impresiona. Cuando uno recorre un territorio desconocido es sorprendido por determinadas cosas que por lo general no son las mismas que sorprenden a otros. Y es que creo que uno establece contactos que son como teclas que nos van diciendo cosas sobre cómo somos, cómo queremos ser, cómo miramos. Por eso este retrato de Italia a partir de ciertas anécdotas o situaciones es en realidad una particular forma de autorretrato. Un autorretrato que encuentra un apoyo en lo intrascendente, o en lo aparentemente absurdo, o en un desencanto que no es desgarrado sino risueño. Definir Italia así era un poco definirme a mí en el momento en el que escribía el libro.

Por otro lado está esa especie de juego irónico a partir de algunos clichés del universo turístico cultural, digamos. El libro es, en algún punto, un viaje turístico por tus propias emociones.
-Por una serie de factores comerciales y sociales se ha sacralizado esta asociación permanente entre destinos turísticos y sentimientos. Brasil es alegría, Italia romanticismo, Francia intelectualidad, Estados Unidos progreso. Como si no pudieras morirte de hambre en Estados Unidos, o estar triste en el carnaval de Rio, o sentirte solo en Italia. Cualquier viaje te ofrece siempre una serie de otros viajes internos, más privados, íntimos, que tienen que ver con cómo uno siente y elabora el viaje físico. En ese contexto el libro también plantea un juego con los estereotipos para darles la vuelta, para ver cosas nuevas.

En Nuevos poemas italianos, a diferencia de tus libros anteriores, no hay una estructura sintáctica que juegue con la idea de un destinatario, o que plantee un intento de diálogo con "un otro". Son poemas en los que parece estar el yo poético solo, enfrentado al paisaje o a la anécdota.
-A mí me suele pasar que voy encontrándole sentido a lo que escribo cuando contrasto los poemas, cuando los veo en conjunto; recién ahí puedo intuir una estructura. En ese sentido este quizá sea el más personal de mis libros porque, tácitamente, está dedicado a mí mismo. En ese contexto lo de "Nuevos" en el título se engarza con una idea de renovación, de volver a uno mismo. El último poema del libro, por ejemplo, no tiene ninguna referencia a Italia; es más bien una celebración de la vuelta a la escritura de poesía, que es como el fin del viaje y la moraleja: el viaje termina en la mesa de escritura, y se justifica porque se convierte en poesía.

En Nuevos poemas italianos hay una voluntad por ponerte en la otra orilla respecto de tus libros anteriores. Me parece que confías menos en tus propias emociones, y eso le da al libro más matices, más color, más volumen.
-Hasta antes de este libro había sentido que el reflejo que me daba la escritura no era lo suficientemente nítido. Creo que mi poesía estaba imbuida en una especie de tono melancólico que la uniformizaba. Con esto no quiero decir que en Nuevos poemas italianos no haya también melancolía. Claro que la hay, pero está matizada por el sentido del humor, por la ironía, y sobre todo por esta idea de tratar de sacarle la vuelta a los clichés de Italia como símbolo sentimental.

A TRAVÉS DEL PADRE
En los últimos años has estado vinculado a experiencias periodísticas que echan mano de la literatura. ¿No te interesa escribir ficción?

-Sí, tengo una idea a la que le he estado dando vueltas hace un tiempo, pero aún sin aterrizar en el papel. Tiene que ver con husmear en la biografía del padre para encontrar cosas sobre él, y, de paso, sobre uno. Yo creo que así como los padres no están preparados para enterrar a los hijos, los hijos no están preparados para desenterrar a los padres. Nos podemos encontrar con cosas que no necesariamente nos van a agradar, y que quizá incluso sean elementos que nos definen.