Prosas amátridas

El último libro de Carmen Ollé

Por Marcel Velázquez Castro

Carmen Ollé
RETRATO DE UNA MUJER FRENTE A UNA COPA
Lima: PEISA, 2007

Carmen Ollé es una autora que perturba al lector, que rompe sus moldes habituales de cognición y sus protocolos de lectura. En este nuevo libro combina el ensayo, la autobiografía, la ficción y el reportaje imaginario.
El título remite a una descripción de la figura (física o moral) de una mujer sin familia, es decir, de un ser anómalo, un proyecto frustrado para el orden social. Quizá el punto clave es preguntarnos, qué queda de la mujer sin la familia, acaso lo único propio, aquello que no puede ser transferido ni simbolizado desde la maternidad o desde la siniestra metáfora "célula básica de la sociedad". El régimen del espacio está señalado solo por un detalle: encontrarse ante una copa, ¿en un bar? ¿En su casa? ¿La copa está vacía o llena? ¿Refleja su rostro o sus sueños? No interesa, ella está ante un objeto que es finalmente una metonimia del mundo, una parte del todo que la interpela. Y así despojada de lo accesorio y enfrentada al mundo, ella empieza a escribir.
El libro se inicia con un notable texto sobre el puente Villena, ese pedazo de Miraflores que abre los ojos de los mortales a la puta verdad de la existencia y nos invita al retorno, a la nada. Prosigue con recuerdos, fragmentos de la memoria que estallan en breves recorridos narrativos que reflexionan sobre la pertinencia de la práctica de la literatura, los dilemas de su enseñanza en una universidad triste -todas las universidades públicas son monumentos a la pena y a las ilusiones frustradas-, en la cual los alumnos se tienen que prostituir para sobrevivir y las jóvenes madres dan de lactar a sus hijos mientras la profesora intenta transmitir la fuerza expresiva y el simbolismo de la poesía francesa. No hay respuestas, pero la literatura no es mero refugio en la ciudad habitada por la miseria.
¿El gato está vivo o muerto? ¿La literatura es realidad o ficción? Como nos enseña la paradoja de la física cuántica, las dos respuestas posibles son válidas. La literatura no solo construye realidades sino que nos ofrece modelos para interpretar la realidad, la bella mendiga que vende caramelos es Cossette en pos de Mario, el ladrón adolescente, un poeta maldito en busca de aventuras. La vieja Lima aparece literaturizada y transfigurada, la literatura no puede ni debe transformar la sociedad, pero puede alterarla, crear simulacros que nos permiten convivir en una ciudad desquiciada sin renunciar a la enfermedad de la escritura.
Esta sección incluye una bitácora de variadas lecturas: Arthur Rimbaud, Samuel Beckett, Alejandra Pizarnik, Roberto Bolaño, hay fascinación por los textos de estos escritores, pero también por la singular vida de los mismos. Las relaciones entre la ficción literaria y la realidad, los vínculos entre la vida de los autores y sus manías literarias, son objeto de una escritura con recorridos fragmentados, pero certeros. Desde la estampa costumbrista hasta la digresión filosófica, desde el breve relato hasta el aforismo, desde la esperanza y la ilusión de la adolescencia hasta el cansancio y el libertinaje de una profesora madura y perdida en una universidad entre los cerros y los tiempos incendiados, las inquisiciones por la autenticidad reaparecen una y otra vez. Los textos de este volumen parecen confirmar que la literatura es un artificio, una máquina de simulacros, uno de ellos puede ser el efecto de lo auténtico, adiós romanticismo literario.
La segunda parte incluye una serie de textos breves articulados por la problemática de la escritura, la memoria y la soledad. La inacción y la indeterminación existencial aparecen como meros bálsamos transitorios. La memoria de los años maravillosos, la juventud desperdiciada en la década de los 70 emplaza a la voz del presente. Hay nostalgia por el pasado, pero también distancia ya insalvable, el sujeto de la enunciación desde el presente observa con sorpresa a aquella que fue y ya no puede decodificar las acciones y los signos que otrora le dieron sentido.
La tercera sección formada por tres textos ficcionales, incluye uno titulado "El chofer" que constituye una pequeña pieza maestra del relato amoroso. Una pareja heterogénea, una profesora de literatura y un ex vendedor de pay del Callao viviendo un romance desprejuiciado. El lenguaje formaliza con eficiencia la seducción de la virilidad y las formas del cuerpo popular masculino, abyecto y grotesco. El Callao, brumoso y peligroso, es el adecuado telón de fondo para un juego insensato de seducción, pero relatado desde el justo medio de la ternura y la ironía.
Retrato de una mujer frente a una copa confirma la valía de una escritora que ha convertido la subversión en su estilo literario.

Recuadro El Perú a través de la pintura de Teófilo Castillo (1887-1922) Fernando Villegas Torres 176 pp. Edición de Asamblea Nacional de Rectores El estudio de la obra de Teófilo Castillo era una tarea pendiente e ineludible para el entendimiento de las artes plásticas peruanas en los albores del siglo XX. Artista inquieto y talentoso, Castillo no solo recorrió una amplia variedad de estilos y tendencias en su obra plástica (el retrato, la evocación precolombina, una suerte de nacionalismo preindigenista) sino que fue un agudo ilustrador de prensa -en una época en que teníamos verdaderos grandes en el rubro- y un atento crítico de arte. Pero lo interesante de El Perú a través de la pintura y crítica de Teófilo Castillo (1887-1922) es que recoge el vasto universo de referencias ideológicas, políticas y conceptuales del artista para establecer una mirada reflexiva, especulativa y crítica de un período crucial de la historia de nuestro país y la conformación de una serie de sensibilidades. Castillo es testigo de excepción del gran vendaval de la Generación del 900, y por él pasa el registro de las primeras fracturas de una modernidad dispareja y acelerada. Una modernidad que hace eco hasta nuestros días.