HALLAZGO
BUDAPEST, HUNGRÍA [EFE]. Los restauradores del castillo de Esztergom, en el norte del país, han descubierto en su interior un fresco que atribuyen al pintor renacentista italiano Sandro Botticelli. El hallazgo, del que dio cuenta el viernes la prensa local, fue presentado ayer sábado al público por el ministro de Cultura magiar, István Hiller, en la Academia Húngara de Roma.
El fresco es una representación alegórica de la templanza, una de las cuatro virtudes cardinales, y se encontró en la pared de uno de los aposentos del castillo, llamado Salón Vitéz János, donde los restauradores trabajan desde el 2000.
"Se ha demostrado que uno de los cuatro frescos es una obra temprana de Botticelli", explicó Béla Horváth, director del museo del castillo. Horváth agregó que "esto es una sensación mundial, pero todavía no se puede abrir al público", mientras que opinó que el valor del fresco "es incalculable", según la página digital de noticias "Index".
El director dijo que en el siglo XV, cuando János Vitéz se convirtió en arzobispo de Esztergom, invitó a pintores de Florencia, de la escuela de arte de Filippo Lippi, la más famosa de la época, y "al parecer mandaron al joven Botticelli, que estudiaba allí". Asimismo indicó que fuera de Italia existen muy pocas obras de Botticelli.
Como se sabe, Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi (Florencia, 1445-1510), apodado Sandro Botticelli (apellido que alude a su físico semejante a un barril), fue un pintor italiano de la escuela de Florencia durante el Renacimiento, en la segunda mitad del Quattrocento. Menos de cien años después, este movimiento, bajo el mecenazgo de Lorenzo de Médicis, fue considerado por Giorgio Vasari como una "edad de oro", un pensamiento que convenientemente encabezaba su Vita de Botticelli.
Su reputación póstuma disminuyó, y fue recuperado a finales del siglo XIX por los artistas autodenominados prerrafaelistas; desde entonces, su obra se ha considerado representativa de la gracia lineal de la pintura del primer Renacimiento, y "El nacimiento de Venus" y "La primavera" son ahora de las obras maestras florentinas más conocidas.