CIERTOS VACÍOS. Libro de Cecilia Larrabure
La fotógrafa peruana acaba de editar un conmovedor y contundente libro que documenta la vida de los niños que crecieron bajo el signo de la violencia durante el conflicto entre el estado peruano y sendero luminoso
Por Francisco Melgar
Durante casi una década, Cecilia Larrabure, fotógrafa peruana que en la actualidad desempeña el cargo de editora fotográfica de la agencia Associated Press para América Latina y el Caribe, se dedicó a capturar en imágenes la vida de los huérfanos que Sendero Luminoso dejó en la sierra y la selva peruana. El tiempo invertido en el proyecto no fue en vano; gracias a él, Cecilia pudo captar los cambios y las transformaciones que los niños sufrieron con el pasar de los años.
Así, en "Ciertos vacíos", el libro que recoge estas fotografías realizadas entre 1994 y el 2004 y que acaba de editar el Fondo Editorial de la Universidad Católica, uno puede ver a estos niños en diferentes momentos de su vida, por ejemplo cuando, poco después del conflicto, aún vivían en comunidades franciscanas; o cuando, hace tres o cuatro años, ya se habían mudado a ciudades o comunidades tratando de rehacer sus vidas.
"El proyecto empezó en el año 94", recuerda Cecilia. "Originalmente era una historia sobre la Semana Santa en Ayacucho que debía ser publicada en El Comercio, un reportaje pequeño y sencillo. Pero poco a poco me fue atrapando la realidad de los niños que encontré allá y me pareció que el tema daba para más y que era importante investigarlo".
Desde entonces, Cecilia aprovechó cada momento que el tiempo le ofrecía para viajar de regreso a Ayacucho, y posteriormente a Junín, y seguir fotografiando a los niños.
"Aproveché los días libres del trabajo y las vacaciones para viajar y fotografiar", nos cuenta. "Como viví fuera del Perú durante mucho tiempo, estudiando en Brasil justo durante los años más complicados del terrorismo, este proyecto me sirvió para acercarme, entender y procesar el tema. Luego de dos años de fotografiar me di cuenta de que quería enfocar el proyecto por el lado de la falta de atención en salud mental que sufrían estos niños.
A medida que Cecilia se acercaba más a las vidas de los niños, descubrió las profundas marcas que los años de violencia interna habían dejado en ellos. "Cuando empiezas a conocer a los niños te vas enterando de historias, de las ejecuciones y de los asesinatos de familiares que presenciaron. Como fotógrafa, como una persona que entiende el valor de una imagen, sabía que hay imágenes que te dan alegría y que hay otras que te causan temores y pesadillas. Es inevitable, la imagen tiene ese poder".
Si bien esos niños ya crecieron, muchos de ellos todavía necesitan la atención necesaria para poder procesar las imágenes de violencia y terror que fueron obligados a presenciar, y así poder insertarse en la sociedad de manera saludable y positiva.
"Estos niños ya están grandes, pero eso no implica que hayan sanado", explica Cecilia. "Ahora es cuando más necesitan ayuda, porque están emparejándose, teniendo hijos, trabajando, y si esa violencia no se trata, va a repercutir". l