Informe HISTORIAS DE ÉXITO
Por Renzo Pipoli, especial para El Comercio
HOUSTON. Son más de las siete de la noche y el sol quema como si fuera mediodía en la reserva india alabama-coushatta, ubicada en un descampado de una zona boscosa, a unas dos horas en auto al noreste de Houston.
Desde hace unas horas, varios grupos vestidos con ropas de muchos colores, como turquesa, blanco, morado --con pantalones muchas veces con flecos y cascabeles-- se mueven al ritmo de vigorosos tambores y de unos cantos rituales prolongados, que suenan como lamentos.
Sus rostros están serios. Todos los danzantes son hombres. Mueven los pies simulando marchas, mientras forman semicírculos que se achican y agrandan. Van cambiando de lugares mientras los tambores, tocados por robustos jóvenes que peinan su pelo en largas trenzas, marcan un ritmo que suena casi como si estuvieran preparándose para una guerra.
Los alabama-coushatta --unos 1.100-- son dueños de la única reservación india de Texas. Forman una de las aproximadamente 400 tribus estadounidenses que realizan un reencuentro anual llamado Pow Wow, el cual celebran en forma muy parecida. Como otras tribus de EE.UU., los alabama-coushatta también tienen en común una historia marcada por despojos de tierras, migraciones y más recientemente, la promesa de un futuro mejor.
LUCHA DESIGUAL
"Con arcos y flechas fue poco lo que se pudo hacer contra rifles", dice Sharon Miller, vocera de los alabama-coushatta, al resumir la historia de su tribu y de todas las naciones indias estadounidenses.
Su tribu peleó primero contra los primeros colonos franceses, luego se alió con los galos contra los ingleses. Al perder los franceses el control del actual territorio de Alabama y por temor a represalias de los ingleses, partió al oeste hacia lo que es hoy Luisiana, donde parte de la nación se quedó y formó la tribu coushatta. El resto de miembros siguió camino hacia Texas y constituyó la tribu alabama-coushatta.
William Harjo, un miembro de la nación creek, cuenta que su tribu alguna vez fue una nación formada por millones de personas que vivían en el estado de Georgia. Esto fue hasta que, hace unos 200 años, fueron trasladados a Oklahoma en una marcha forzada, donde casi desaparecieron.
"Obligaron a viajar a todos: niños y ancianos también. Antes del viaje solo les permitieron recoger algo de maíz como toda su comida para el camino. Fueron forzados a caminar casi sin parar. Incluso cuando sus zapatos se rompían y sus pies sangraban, debían seguir. Si alguien caía era pisado a propósito con caballos y lo dejaban en el camino," dijo.
Poco después de esa marcha, el ejército estadounidense obligó a los cherokees a dejar su territorio en una marcha similar, afirma. Muchas otras tribus fueron obligadas a moverse de igual forma a través de casi todo Estados Unidos en caminatas de exterminio, que ahora las tribus recuerdan como los "rastros de lágrimas".
Con estos inicios, las reservas fueron lugares donde las carencias eran muchas y parecían destinadas a perpetuarse. Hasta hace relativamente pocos años.
"En la década de los 70 no teníamos servicio de agua. Un granjero regalaba agua de un pozo a la tribu para beber. Para lavarse, la gente usaba el agua de los arroyos," dice Clint Hill, cuyo nombre indio es 'Árbol Inclinado' y es parte del consejo de la tribu oneida, integrada por unos 1.000 miembros y situada a 600 kilómetros al oeste de la ciudad de Nueva York.
El cambio comenzó cuando algunas tribus de los estados de California y Florida lograron legalizar sus juegos de azar, como los bingos, los que desde comienzos de la década del 80 ya empezaban a ser muy rentables.
Según argumentaron las tribus, los estados no podían imponer sus leyes de prohibición de juegos de azar porque no gozaban de soberanía sobre las reservaciones.
En 1993, los oneida construyeron el casino Turning Stone que recibe actualmente unos 4 millones de visitantes todos los años, los que gastan su dinero en lujosos hoteles, spa y restaurantes dentro de la reservación.
La nación oneida de Nueva York gana, solamente por el casino, unos 200 millones de dólares anuales en utilidad neta. Sus otros múltiples negocios y organizaciones, incluyendo talleres de reparación de autos, un periódico y una fuerza policial, dan empleo a unas 5.000 personas, de las cuales menos de un 1% son miembros de la tribu, agrega Hill.
Además, todos en la tribu reciben parte de las utilidades. "Tratamos de no repartir mucho para que la gente tenga que seguir trabajando", manifiesta.
Los retos pendientes
La nación Navajo, dueña del territorio autónomo indio más grande de EE.UU. e integrada por unos 200.000 miembros que viven en el oeste del país, demuestra que los problemas económicos en las reservaciones no han acabado.
George Harden, vocero de los Navajo, afirma que el de-sempleo y la pobreza son los principales problemas de esta etnia. Miles viven sin electricidad ni agua potable y en situación de mucha pobreza.
Los esfuerzos por mantener viva la cultura estadounidense aborigen también enfrentan dificultades. Si bien el idioma navajo es uno de los más conservados, comparado con el oneida o el alabama-coushatta, los niños navajos conversan entre ellos exclusivamente en inglés.
No hay ningún héroe navajo que realmente les sirva de referencia, agrega Harden.
"Si le preguntas a un niño navajo quién es su principal héroe, probablemente dirá (el basquetbolista) Michael Jordan", afirma.
La tribu de los seminoles en Florida está formada por 3.300 miembros que viven dentro de la reservación y son miembros de lo que se conoce como la nación seminole. Existen otros miles de seminoles, o que tienen algo de descendencia seminole en otros estados, muchos de ellos en Oklahoma, lugar donde muchos de ellos fueron obligados a desplazarse como parte de las llamadas marchas de lágrimas.
Fueron inicialmente parte de la nación Creek en Georgia hasta que un grupo se separó y se desplazó a la península de la Florida cuando esta era controlada por España.
En Florida se les unieron grupos de negros esclavos que habían escapado de plantaciones del sur de EE.UU.