Del editor
Por más que en su país el presidente colombiano, Álvaro Uribe, ostente más de 70% de popularidad, en el ámbito internacional las cosas le están saliendo muy mal.
Lo prueba su último viaje a Washington, adonde fue este jueves a tratar de salvar las negociaciones del TLC, y encontró un ambiente francamente hostil. "Regrese el próximo año", le dijeron los demócratas. "Hasta que mejoren los derechos humanos en su país".
Ya el mes pasado, el ex vicepresidente de EE.UU. Al Gore se negó a participar en un evento junto al mandatario colombiano por los escándalos en los que se encuentran envueltos legisladores de su partido, comprometidos con los paramilitares ultraderechistas, acusados de crímenes atroces.
Por eso parece un manotazo de ahogado que Uribe liberara de manera unilateral a 56 guerrilleros de las FARC, de un total de 193 que tiene previsto dejar en libertad, para forzar en ellos un gesto de buena voluntad, la guerrilla que mantiene cautivas a 56 personas, entre ellas a Ingrid Betancourt (ex candidata presidencial de nacionalidad franco-colombiana) y a su jefa de campaña, Clara Rojas, quien ha tenido un niño en cautiverio.
Los 193 insurgentes firmaron un documento en el que se comprometen a no volver a delinquir, desvincularse de las FARC, trabajar por la paz y ponerse bajo la tutela de un gobierno extranjero o de la Iglesia Católica, a cambio del indulto.
Uribe ha puesto en libertad también a Rodrigo Granda, llamado 'El Canciller de las FARC', para que sirva de intermediario entre el movimiento insurgente y el Gobierno, aunque la cúpula de las FARC niegue haber aceptado la intermediación de Granda que, entre otras 'perlas', está acusado de haber participado en el secuestro y asesinato de Cecilia Cubas, hija del ex presidente paraguayo Raúl Cubas.
A los que no les ha gustado nada la medida es a los presos comunes de tres centros penales de Colombia, que protestaron el jueves porque las excarcelaciones violan el derecho de la igualdad ante la justicia, y razón no les falta.
La que ha puesto el grito en el cielo es la organización humanitaria Human Rights Watch (HRW), a través de su director para América Latina, José Miguel Vivanco. "Los guerrilleros encarcelados de las FARC no se desmovilizaron cuando tuvieron la oportunidad" (en referencia a la negociación que emprendió el ex presidente Andrés Pastrana quien llegó a crear una zona de despeje para intercambiar presos y secuestrados). "Al liberarlos antes de que cumplieran su sentencia el Gobierno refuerza el mensaje de que siempre hay una posibilidad de evitar rendir cuentas", dijo Vivanco en una carta dirigida a Uribe.
Según Uribe, la liberación de Granda y de sus hombres se hizo a pedido expreso del presidente francés Nicolas Sarkozy quien en su discurso de toma de mando señaló como prioritaria su preocupación por Ingrid Betancourt, cinco años cautiva de las FARC.
"Quiero rendir homenaje al presidente colombiano, Álvaro Uribe, quien liberando a Rodrigo Granda hizo un gesto que no era fácil y que yo aprecio", dijo Sarkozy en una entrevista al diario francés "Le Figaro". A cambio, el presidente galo se comprometió a obtener apoyo del G-8 a favor de Colombia y de su política de seguridad.
Curioso homenaje viniendo de un hombre que esgrimió el discurso de tolerancia cero y mano dura contra la delincuencia para ganar las elecciones en su propio país.