Cambio de mando

Ex paracaidista peruano se ordena diácono en Washington

Juan Cayrampoma ahora sirve en una parroquia de la capital de EE.UU.

Por Miguel Vivanco
Corresponsal

WASHINGTON. Fue en las alturas de la mina San Antonio de Esquilache, en Puno, donde Juan Cayrampoma Pineda escuchó por primera vez las bellas historias vinculadas con San Antonio de Padua. Sus escasos 6 años le impedían entender a plenitud las explicaciones de su madre, María Natividad, sobre la vida y milagros del hombre de Dios.

Pero en medio de las agrestes montañas también escuchó testimonios de mineros humildes, quienes lamentaban el no poder escapar de la explotación y la pobreza por el simple hecho de no haber asistido a la escuela.

Con el correr del tiempo, los seis hermanos Cayrampoma empezaron a vivir en carne propia las consecuencias de no contar con un sustento económico seguro. A pesar de los esfuerzos de su madre, siempre resultaba difícil completar la canasta familiar.

Fue así como a la edad de 12 años, Juan empezó a trabajar como ayudante de albañilería. La remodelación del Teatro Municipal de Puno fue su primera obra. Una orden especial de un juez de menores le permitió laborar, pero con la condición de que asistiera a la Gran Unidad Escolar San Carlos en el turno de la noche.

Al cumplir los 19 años y concluir su educación secundaria, comprendió que era hora de buscar nuevos horizontes laborales. Sin pensarlo dos veces viajó a Lima con la ilusión de conseguir un buen trabajo que le permitiera ayudar a su familia y continuar con sus estudios.

En pocos días la indiferencia capitalina le hizo entender que debía adoptar medidas drásticas para no regresar derrotado a su tierra natal. Justo en ese momento los recuerdos sobre los milagros de San Antonio de Padua se agolparon en su mente y no dudó en encomendarse al santo.

Así, se presentó al cuartel de Pueblo Libre para cumplir su servicio militar en calidad de voluntario. Sin imaginárselo se convirtió en uno de los mejores paracaidistas de su batallón, por lo que el Ejército le ofreció contratarlo y terminó como instructor en la base de Las Palmas, ubicada en Surco.

Sin embargo, ni la rigidez de la vida castrense ni su matrimonio con Emérita Enríquez pudieron desterrar un deseo imperante en su corazón: servir a Dios.

Con el correr de los años sus hijos Juan, Rossnat, Laura, José y Joan se percataron de la profunda fe católica de su padre, quien desde finales de los años 80 ya trabajaba en la oficina principal del Estado Mayor del Ejército en Lima.

OTRO LLAMADO
Por su destacada labor como técnico jefe supervisor y cuando solo le faltaba un año para su retiro, fue enviado en 1995 a EE.UU. como parte del personal acreditado de la Agregaduría Militar del Perú en Washington.

Y fue en el área metropolitana de la capital estadounidense donde su vida y corazón cambiaron para siempre. Su departamento se encontraba a pocos metros de la iglesia San Antonio de Padua en Culmore (Virginia) y recordó los relatos de su anciana madre.

Durante las primeras semanas conoció a varios capellanes, sacerdotes y diáconos, quienes lo invitaron a participar en los diversos grupos parroquiales hispanos, así como en retiros espirituales especiales para descubrir su verdadera vocación.

Por años, su esposa e hijos ya sabían de la encrucijada espiritual que vivía el curtido militar, por lo cual no dudaron en expresarle su solidaridad y apoyo.

Todos sabían que Cayrampoma Pineda quería dejar el ejército de los hombres para ingresar a las filas de los servidores de Dios.

Al regresar al Perú se retiró del Ejército Peruano y volvió a Estados Unidos para ingresar al programa de liderazgo pastoral organizado por la Universidad Católica de Washington.

CAMBIO DE BANDO
En el 2004 fue aceptado como alumno de la Escuela de Formación de Diaconado Permanente de la Arquidiócesis de Washington. Luego de tres años de estudios, el sábado 2 de junio fue consagrado en la Catedral de San Mateo Apóstol.

Nuestro compatriota fue ordenado por el arzobispo de Washington, Donald Wuerl, quien guarda un cariño muy especial por el Perú. Desde la década del ochenta, cuando Wuerl era obispo en Pittsburgh, ayudó de forma directa a financiar varios programas sociales en los pueblos jóvenes de Chimbote.

Wuerl sorprendió gratamente a los presentes al leer un mensaje en español, en el que destacó los aportes de la comunidad hispana. "Quisiera saludar de un modo especial y expresar mi agradecimiento a las familias y amigos de nuestros nuevos diáconos", dijo.

Luego agregó que era una verdadera alegría recibir a los nuevos cinco diáconos hispanos al servicio de la Iglesia.

Actualmente, Cayrampoma trabaja en la parroquia Nuestra Señora Reina de las Américas. Feliz de haber realizado su sueño, el flamante diácono reiteró que "Dios tocó su corazón y ahora se siente un hombre nuevo".