"Sabemos lo que debemos hacer con nuestras instituciones, pero lo primero que descuidamos son sus liderazgos2
Por Juan Paredes Castro
Como ocurrió con la Sunat e Indecopi en su momento, persiste la necesidad de liderazgos claves en instituciones claves, que en poco tiempo podrían cambiar aún más la vida del país.
Es cierto que una institución no se vuelve temida o respetada de la noche a la mañana como quisiéramos que ocurra con la Policía Nacional en todos sus niveles. Sin embargo, como van las cosas, su actuación ha mejorado mucho y habría que preguntarse qué lo está haciendo posible: si su dirección general, con una visión muy aguda de los problemas de ineficiencia y corrupción que hay que revertir, o el conjunto de medidas tomadas desde el Ministerio del Interior, uno de cuyos viceministros, Danilo Guevara, parecería tener los dedos de organista que requiere en su despacho adjunto el ministro Luis Alva Castro.
En el ámbito de la justicia el coincidente buen liderazgo del presidente de la Suprema, Francisco Távara, de la jefa de la OCMA, Elcira Vásquez, y del titular del Consejo Nacional de la Magistratura, Maximiliano Cárdenas, está devolviendo gradualmente la confianza a un importante sector del Estado y poniendo nuevas ruedas a una reforma constitucional atracada en el Congreso de la República. No obstante, se trata de un liderazgo coincidente que tiene que cobrar mucha más fuerza frente al Gobierno en la pelea por mayores recursos y frente al Congreso para sacar adelante los cambios legislativos impostergables. Ni Távara ni Vásquez ni Cárdenas van a poder hacer cosas mayores sin el doble de voluntad que ahora despliegan en sus objetivos de cambio.
En la vereda de enfrente, el Ministerio Público parece vivir un tiempo estático y en espera de un liderazgo que por ahora le es tan furtivo como su sentido de cambio sustancial.
Sería importante que el liderazgo del Congreso siguiera representando una garantía aceptable como hasta hoy para emprender, desde ahí, la construcción de una nueva actitud parlamentaria, a la luz de lo ocurrido últimamente. Es cierto que Mercedes Cabanillas no podía remar todo el tiempo contra la corriente. Pero si tuviera que repetir el plato tendría que saber que lo que salvará su gestión será la agenda legislativa y fiscalizadora que sepa poner a la altura institucional más deseable.
Estado, Gobierno y Legislativo tienen que ser muy rigurosos en la designación de quienes encabezarán e integrarán instituciones, más aún autónomas. De ello dependerá que estas sean en verdad respetadas y respetables, antes que meros predios de empleo partidario o de contrapeso de eventuales poderes políticos.