MODIFICACIÓN CONSTITUCIONAL URGENTE
Por Jorge Avendaño
Jurista
La reciente elección por el Congreso de los cuatro miembros del Tribunal Constitucional, ha demostrado que la forma de elegir prevista en la Constitución, presenta muchas deficiencias y debe ser cambiada con urgencia.
El problema es, en primer lugar, la alta mayoría exigida (80 votos como mínimo), cosa que se ha justificado porque los elegidos deben contar con un alto grado de legitimidad. En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, es necesario arribar a consensos en el Congreso. Lamentablemente estos consensos son generalmente fruto de negociaciones político-partidarias y, además, son la consecuencia de negociaciones secretas. Esto ha ocurrido en ese Congreso y también en anteriores. Me consta, porque estuve presente en el del 1995 al 2000.
¿Cómo debería ser el proceso de elección? Un sistema sería que el presidente de la República elija y el Congreso confirme, como es en algunos países desarrollados. Pero esta fórmula ya fracasó entre nosotros hace varios años cuando se trataba de elegir a los vocales de la Corte Suprema.
Alguien ha sugerido, por otra parte, que medie una elección popular. Me parece una idea equivocada. No puede haber elección universal para cargos técnicos, lo cual daría lugar a campañas previas y ofertas electorales, todo lo cual no se condice con el cargo de miembro del TC. En Estados Unidos, donde se elige popularmente a algunos jueces y fiscales, el sistema está en revisión porque hay interferencias y presiones de grupos económicos.
Otra alternativa es que la elección la haga el Consejo Nacional de la Magistratura. Así como elige a todos los jueces y fiscales --reza el argumento-- debería también elegir a los integrantes del TC. Sin embargo, los miembros del CNM, si bien representan a diversos sectores, no son objeto de elección popular. Hay que darle, pues, alguna participación decisiva al Congreso. La elección de los miembros de un TC capaz de declarar leyes inconstitucionales, de revisar los actos del Poder Ejecutivo y a veces enmendarle la plana al Poder Judicial, debe necesariamente emanar de los representantes del pueblo (el Congreso de la República).
La fórmula podría ser, entonces, que el Consejo de la Magistratura haga la selección de los candidatos y elija finalmente a tres para cada plaza. A estos tres los sometería al Congreso consignando expresamente el orden en función de sus calificativos. El Congreso escogería necesariamente entre los tres propuestos.
Todo el proceso estaría garantizado con una absoluta transparencia. Por tanto el Consejo de la Magistratura publicaría la lista de los postulantes con sus respectivas hojas de vida. Luego, las entrevistas de los postulantes serían públicas, por cierto con asistencia de la prensa. Lo mismo ocurriría con las deliberaciones del CNM. Finalmente, su propuesta debería estar fundamentada.
En el Congreso habría la misma publicidad, tanto en las comisiones como en el pleno. El Congreso, además, debería sustentar la elección que hizo entre los integrantes de la terna.
Un organismo como el TC, que tiene facultades constitucionales tan importantes, debe ser elegido conforme a este procedimiento u otro análogo que asegure la transparencia y, lo que es muy importante, que coloque en el TC a gente realmente idónea.
Bien haría el Congreso en discutir y aprobar el cambio constitucional correspondiente a la mayor brevedad.