Competitividad
Por Jorge Ruiz de Somocurcio
Arquitecto urbanista
El MEF anunció que el Perú estaría en condiciones de crecer sostenidamente en 7% anual hasta el 2011, y señaló así una de las orientaciones más importantes para los proyectos de desarrollo del corto, mediano y largo plazo. El escenario del desarrollo serán las ciudades y el campo del Perú, en medio de un mundo globalizado y conectado, caracterizado por la competitividad, oportunidades, comparaciones y liderazgos. La competencia entre países lo será también entre ciudades.
La revista "América Economía" publica el ránking de ciudades de América Latina tras un estudio que incluye encuestas e indicadores. El 2007, 42 ciudades han sido puestas bajo la lupa a través de su PBI, potencial innovador, conectividad digital, costo de vida, seguridad, calidad de vida y poder de marca.
Lima pasó del puesto 27 el año pasado al puesto 14, lo que representa un buen salto, pero que tiene que ver más con el crecimiento económico logrado por el Gobierno que con decisiones municipales. Hay 13 ciudades mejor posicionadas para atraer inversiones claves para el desarrollo. Es alarmante ver que mientras Colombia, Brasil, Argentina y Ecuador logran colocar varias ciudades rankeadas, el Perú no tiene otra, configurando una advertencia grave al proceso de descentralización.
Lima es la última ciudad con un nombre vendedor, logrado por su gastronomía y turismo. Pero su inseguridad, baja calidad de vida, deficientes servicios y gobiernos municipales burocratizados desaniman correr el riesgo de hacer inversiones estratégicas. Solo el creciente sector inmobiliario moviliza inversiones, aunque no siempre en un círculo virtuoso.
El síndrome de Santa Anita es una realidad en la que aún se dan la mano informalidad, corrupción y una planificación y liderazgo deficientes, que se extiende a temas como transporte, seguridad, medio ambiente o la expansión urbana marcada por las invasiones.
¿Cuál es la receta de éxito? Continuidad institucional entre un gobierno y otro, seguridad jurídica, oferta satisfactoria de infraestructura y servicios, existencia de recursos humanos calificados y, especialmente, un buen gobierno municipal con rostro social.
Las diez mejores ciudades ingresan a una segunda generación de gobierno, enfrentando el mejoramiento de las condiciones de bienestar de sus habitantes como su agenda pendiente. A partir de ahí, si consiguen democratizar los beneficios del proceso de urbanización, podrán hacer irreversibles sus logros y consolidarse como ciudades altamente competitivas. Toca mirarnos en ese espejo y preguntarnos si las inversiones que se ejecutan y el modo de gobierno de nuestra ciudad-región tendrá el encaminamiento del éxito.