Comentario del editor: La hora crucial de Cabanillas y Aurelio Pastor

"Tanto están en el centro de la tormenta como depende de ellos mismos apagarla de la mejor manera"

Por Juan Paredes Castro

La presidenta del Congreso, Mercedes Cabanillas, y el presidente de la Comisión de Constitución, Aurelio Pastor, están ahora más que nunca delante del telón.

De ellos dependerá en esencia si la elección de nuevos miembros para el Tribunal Constitucional desenreda su actual complicada trama o si marchamos, con ellos también, hacia un final sin solución que sería lamentable para la institucionalidad del país.

Nunca sabremos cómo fue en realidad la actuación de ambos entre bambalinas, pero de la buena fe que son capaces de inspirar, podemos entrever dos cosas: una, que tienen que mostrarse abiertos a una solución integral del proceso de elección en lugar de cerrarse en torno de un procedimiento que ha resultado demasiado malo y desestabilizante; otra, que tienen que ser parte de una salida inteligente y satisfactoria para todos y no parte del problema que nadie está interesado en preservar, principalmente por la calidad que se busca para el Tribunal Constitucional.

Cabanillas tiene liderazgo y don de persuasión, que le viene en las curtidas venas de maestra de escuela y militante de partido. En el caso de Pastor, por su juventud, podría alguien sentir la tentación de llevárselo en procesión, pero siempre tendrá la capacidad de bajarse de los hombros del primer 'lobbista' que pretenda torcerle el camino. Es más: con el sagaz y experimentado consejo de sus asesores, Cabanillas y Pastor podrían establecer una hoja de ruta sabia y transparente para salir del pantanoso terreno al que fueron llevados por la tirantez de los intereses parlamentarios en juego.

Ya no es hora de rasgarse las vestiduras hacia dentro o fuera ni de intentar defender alternativas indefendibles. Lo que se votó en paquete debe cambiarse en paquete. Pero para que la balanza pueda inclinarse más fácilmente hacia esta opción, necesitamos que Cabanillas tome distancia del error cometido y asuma una voluntad firme de apoyar una adecuada rectificación, y que Pastor, consciente de que preside la comisión evaluadora para la elección de los magistrados, baje la guardia de espadachín y escudero del pasivo reciente y asuma un compromiso indeclinable con el activo futuro.

Cabanillas y Pastor, por lo que son y representan, no tienen que dejarse llevar de las narices por el fujimorismo, ni los upepistas ni sus compañeros del Apra detrás de la defensa de candidatos que saben muy bien cómo se repartieron las cartas de su evaluación sobre la mesa.

A trampa descubierta, baraja nueva.