En los últimos cinco días la prensa tuvo carne para moler con las pullas públicas que protagonizaron la titular del Congreso y el presidente del Consejo de Ministros
Por Franklin Briceño Huamán
"¡Mal hecho! ¡Mal hecho! ¡Mal hecho!", tronó el presidente Alan García ayer por la mañana en otra pública reprimenda a las cabezas de las dos eternas 'alas' del aprismo: Mercedes Cabanillas y Jorge del Castillo, quienes en los últimos cinco días protagonizaron un dime que te diré a través de los medios de prensa por la discutida elección parlamentaria de los magistrados del Tribunal Constitucional (TC).
"Aconsejo siempre a los compañeros y compañeras que no se dirijan consejos por periódicos", continuó García, esta vez como presidente del Apra, quien adrede trajo a colación el refrán "Los trapos sucios se lavan en casa", más por esta incidencia política que por la entrega de 700 kilos de ropa del Despacho Presidencial a los damnificados por el friaje del sur peruano. No los mencionó con nombre propio, pero el presidente recomendó a Cabanillas y Del Castillo que no cruzaran "adjetivos públicos, pues para eso tienen la Casa del Pueblo".
Esta 'lavandería partidaria' empezó a funcionar la medianoche del miércoles --horas después de votarse en el pleno a los cuatro magistrados del TC-- cuando Del Castillo opinó que "lo más piadoso era anularse la elección" por el caso Ríos Castillo, olvidando adrede que él fue uno de los 84 legisladores que respaldó esa nómina.
De inmediato, replicó Cabanillas, quien emplazó a su compañero a que no pretenda "ganarse alguito" con ese tema y calle en todos los idiomas sobre el ampay de dos militares de alto grado en la fiesta que organizó Agustín Mantilla. El viernes se produjo el segundo round: Del Castillo dio cara a la prensa para proponer que el Parlamento revise toda la elección de magistrados del TC. Horas después Cabanillas respondió con su característica finura al decir: "No es muy delicado que el primer ministro, en su alta responsabilidad de conducir la Presidencia del Consejo de Ministros, tenga que estar dando una suerte de orientación al Congreso".
¿Y dónde estaba Alan García? Tratando de llevar el ritmo de un danzante de tijera. Al día siguiente, Del Castillo no se quedó callado y le recordó a su interlocutora que como parlamentario tenía derecho a opinar.
Estos sablazos verbales colmaron la paciencia de Alan García, quien en pleno Día del Padre aseveró: "El país no necesita zafarrancho" y ya es hora de que "los políticos dejen de sacarse las tripas delante de la gente".
Minutos después, toda la dirección nacional de política del Apra se presentó en la cabina de RPP. Allí Cabanillas y Del Castillo dijeron que "internamente no había turbulencias ni tormentas". Mauricio Mulder, por teléfono, Luis Gonzales Posada y Luis Alva Castro respaldaron la gestión de Cabanillas. Del Castillo, silencio. Pero se escuchó decir a Alva que lo dicho por García Pérez era un "mazazo para ambos".