uU homenaje a Lech Walesa
"Para Lech Walesa y sus seguidores el trabajo es parte sustantiva de la vocación humana"
Por Virgilio Levaggi
Analista
Al hablar o escribir so-bre Solidarnosc y su fundador no se puede desconocer el rol del catolicismo en la nación polaca y el impacto mundial del pontificado de Juan Pablo II (1978-2005).
Recientemente Lech Walesa, al preguntársele sobre el papel de la Iglesia en la construcción de la sociedad civil en Polonia durante el comunismo, señaló: "Empezó por la cabeza de la Iglesia Católica, que despertó a la nación, le dio la fe y la nueva esperanza. Nosotros lo aprovechamos, y sucedió que diez años después, al fin, logramos vencer al comunismo. Podía haber ocurrido que el Santo Padre y las palabras dichas por él durante su primera visita a Polonia, en 1979, no hubieran cambiado nada, hubieran volado, o a lo mejor alguien las hubiera escrito para la memoria de las futuras generaciones; pero sucedió al revés. Convertimos en carne las palabras de Juan Pablo II (...). Durante todo el período del comunismo en Polonia no puede separarse el papel de la Iglesia Católica de ciertos acontecimientos históricos. La Iglesia siempre ha apoyado las aspiraciones de la nación hacia la libertad. Diciendo Iglesia Católica, me refiero no a los muros de las iglesias, sino a la jerarquía junto a los laicos y los fieles católicos".
Solidarnosc no fue un movimiento reformista ni su motivación final fue la instauración de la economía de mercado. Para Leszek Kolakowski, fue la única revolución del siglo XX. Ella fue liderada por un sindicato, autogestionario e independiente, que luchó por reivindicar la dignidad de la persona y de su trabajo. En Gdansk, en 1980, se inició un movimiento en favor de las libertades que cuestionó un régimen que parecía monolítico y que tuvo que recurrir a la violencia militar para intentar enfrentarlo.
En setiembre de 1981, Juan Pablo II publicó la encíclica "Laborem Exercens" (sobre el trabajo humano) y, ese mismo mes, se desarrolló el primer congreso nacional de Solidarnosc, que contaba con casi 10 millones de miembros. Dicha encíclica tiene una visión renovada del trabajo y supera los límites y contradicciones del marxismo y del capitalismo respecto del mismo. En Europa del Este, en la última parte del siglo XX, teoría y práctica --teoría inspirada en la práctica y práctica orientada por la reflexión-- se articularon para propiciar uno de los cambios sociopolíticos y económicos más significativos en la historia de la humanidad.
Józef Tischner --pensador cercano a los obreros, intelectuales y campesinos de Solidarnosc-- reconoce que la mencionada encíclica promueve una salida para la grave crisis de trabajo que se experimentaba en su país y delinea los elementos fundamentales de una nueva relación entre el hombre y su trabajo, capaz de fundar una sociedad nueva. El trabajo en el que se sustenta Solidarnosc es comprendido como una gran fuerza moral apta para constituir y para construir una comunidad. Es la fuerza de la ética del trabajo; una fuerza que suscita comprensión y solidaridad.
El trabajo, para Walesa y sus seguidores, nace de la comprensión y crea comprensión; más aún el trabajo es parte sustantiva de la vocación humana.
La meditación sobre el hombre-que-trabaja parece natural en un filósofo y teólogo que --además-- fue obrero minero, actor y autor de ensayos y obras de teatro. Karol Wojtyla nació en una cultura que le dio al mundo una comprensión renovada de la solidaridad bajo el liderazgo de su compatriota que hoy visita el Perú: electricista y dirigente sindical que ha desempeñado y desempeña responsabilidades políticas, que sigue siendo un activista en favor de las libertades y que fuera reconocido con el Premio Nobel de la Paz.
Es interesante reflexionar sobre lo que la vida y acción de Walesa le pueden decir al mundo del trabajo en el Perú contemporáneo.