El camino de un luchador
Por Jorge Moreno Matos
Nacido en la localidad de Popowo, en la Pomeramia polaca, el 29 de setiembre de 1943, Walesa estudió metalurgia y electricidad. Luego de su servicio militar, en 1967, se trasladó a la costa en busca de mejores oportunidades de trabajo y se instaló en los astilleros Lenin de la ciudad de Gdansk. Aquí empezaría su historia cuando, al año siguiente, fue elegido por su sindicato representante ante el consejo de la empresa, puesto en el que revelaría sus cualidades de líder que lo harían famoso.
Durante la década siguiente su creciente y comprometida actividad sindical lo llevaría a ser tildado de 'antisocial' por las autoridades comunistas e integrar una lista negra que lo mantuvo desempleado durante largas temporadas.
Ayudado por amigos, sacó adelante a su numerosa familia hasta que el 14 de agosto de 1980 se declaró una huelga en todo el país. Los sindicatos libres, organizados fuera de la esfera oficial del Gobierno, pusieron en jaque al país al exigir, además de los reclamos económicos, demandas de tipo político, como la libre sindicalización, el derecho de huelga y la libertad de expresión.
Fueron quince días de lucha, hambre, asedio, golpizas y muerte que cambiaron el mapa político de Polonia, y con ello al mundo entero. No solo obtuvieron una resonante victoria (el Gobierno aceptó todas sus reivindicaciones y reconoció a Solidaridad como sindicato legal), sino que además lograron algo hasta entonces inédito: un régimen comunista que reconocía derechos políticos a obreros.
Pero esto fue apenas la rajadura en la presa que anunciaba la gran inundación. Las huelgas continuaron, las reivindicaciones se multiplicaron y un gobierno, el de Gierek, cayó.
Fue entonces cuando entró en escena el general Jaruzelski (el mismo al que le temblaban las piernas durante su primera entrevista con otro polaco universal, el papa Wojtyla), imponiendo la ley marcial, declarando ilegal a Solidaridad y arrestando a Walesa. Durante once meses nadie supo dónde estaba arrestado o si aún continuaba vivo, en un intento vano para que el mundo se olvidara del héroe mundial en que se había convertido.
Liberado en noviembre de 1982, fue confinado a arresto domiciliario. El 6 de octubre de 1983 el embajador sueco le comunicó que le habían concedido el Premio Nobel de la Paz. Por el temor de que el Gobierno no le permitiese volver al país si viajaba a recoger el premio, su esposa Danuta lo recibió en su nombre, en medio de una ovación como no se escuchaba en muchos años en Estocolmo. A la vuelta de la esquina, estaba Gorbachov, la perestroika y la caída del Muro de Berlín. Cincuenta años de historia habían llegado a su fin.
Se presentó a las elecciones de su país el 9 de diciembre de 1990 y ganó con un abrumador 74% de votos, resultado que a nadie hacía presagiar los cinco años que vendrían. Su gobierno fue una confusa coalición de partidos surgidos de Solidaridad que exigían su cuota de poder, lo cual polarizó la naciente Polonia libre postcomunista.
Cuando se presentó a la reelección en 1995 perdió, y cuando lo volvió a intentar en el 2000, el 1% de votos alcanzado lo decidió por el retiro político definitivo.
Desde entonces se ha dedicado a recibir doctorados honoris causa de universidades de todas las latitudes --como el que recibirá hoy en la Universidad de Lima-- y a dar conferencias por el mundo entero.