EN EL TAPETE
La reforma agraria y, en la actualidad, la herencia serían las causas de la atomización de la propiedad de la tierra en el país. Los pequeños productores dedicados a la agricultura para el consumo interno son los más afectados con la falta de organización
Por Escribe Marienella Ortiz
¿Quién se preocupa de los parceleros?, pregunta el ex ministro de Agricultura Carlos Amat y León. En una de las paredes de su oficina de la Universidad del Pacífico están colocados, con mucho orden, media docena de chullos de diferentes colores, formas y diseños, elaborados por pequeños agricultores de distintos puntos del país. La creatividad de quienes hicieron los chullos permanece tan ignorada como la propia vida de estos parceleros.
Los pequeños agricultores de las zonas rurales son el equivalente del pequeño comerciante informal de las ciudades. "Ellos permanecen invisibles para la estructura política y social del país", comenta Amat y León.
La parcela o el pedazo de tierra que poseen suele ser menor a las tres hectáreas y este parece ser el principal lastre que arrastran para dar un salto a la modernidad.
El minifundio no es una realidad que haya originado muchos estudios o políticas de Estado. Desde 1994 no se vuelve a realizar un censo agropecuario y, cuando se hizo, siempre dejó mucho que desear por la falta de rigurosidad. Entre los resultados se mezclan las hectáreas de tierras forestales y las de secano (sin riego) con aquellas utilizadas para el agro.
Sin embargo, las cifras de 1994 dejan en evidencia una situación preocupante: el 54,4% de los terrenos en general tiene menos de tres hectáreas (constituyen un minifundio). Y si juntamos a los que poseen menos de 5 hectáreas, hablamos del 85% de los terrenos.
EL PROCESO CONTINÚA
Con el paso de los años, esta fragmentación de terrenos se profundiza. Según un estudio preliminar del Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), el área promedio de la parcela que posee un campesino de la costa y sierra del Perú ha disminuido en 18% y 32%, respectivamente, entre 1994 y el 2005.
Hasta mediados de los años 90, un agricultor costeño poseía un terreno de 3,23 hectáreas como promedio, pero luego de 10 años tendría solo 2,63. Peor aun le ha ido al de la sierra, que pasó de poseer 1,6 a 1,09 hectáreas.
Uno de los principales motivos de la atomización de la tierra, comenta el investigador Eduardo Zegarra, de Grade, es la tradicional repartición del terreno entre los hijos de un campesino que ha fallecido. Es decir, la herencia.
El problema que acarrea el minifundio es que ubica, en la mayoría de casos, al agricultor en el autoconsumo y, por ende, en la pobreza. Laureano del Castillo, investigador del Centro Peruano de Estudios Sociales (Cepes), resalta que los productores minifundistas y de la pequeña agricultura controlan el 10,5% del total de la superficie agropecuaria (apta para producir) del país. "Estos pequeños agricultores tienen una mayor extensión de terreno en conjunto, pero los grandes agricultores --que solo poseen el 3% de los terrenos en el país-- producen mucho más".
Los gobiernos de turno poco han avanzado en el tema. Algunos programas aislados han trabajado sobre el eje de la organización de los campesinos. Ese sería el caso de Prómpex, Agrobanco o Sierra Exportadora. En este último, Gastón Benza, responsable del programa, comenta que para proveer de asistencia técnica a los pequeños productores se les exige una organización.
"Cuando no hemos podido obtener un compromiso para trabajar en conjunto o asociados, no hemos podido darles el apoyo. De esta forma es difícil instalar un proceso de asistencia técnica, de supervisión, de cosecha, de embalaje o de comercialización para la producción de media o una hectárea o un cuarto de hectárea", explica. En el futuro, considera, los campesinos podrían transformar estas asociaciones en empresas.
En el ámbito privado, los agroexportadores han logrado, con algunos buenos resultados, agrupar a un gran número de pequeños parceleros con la finalidad de aglutinar un mayor volumen de productos para la venta externa. Esto ocurre con los cultivos de espárrago, pimiento piquillo, alcachofas, uvas y otros productos. De esta manera, estos pequeños agricultores acceden a la tecnología y, quizá lo más importante, tienen garantizada la venta de su producción.
En el caso de los parceleros que producen alimentos para el consumo interno, la historia es diferente. Aquellos que cultivan papa, cebollas o menestras no han generado mecanismos de agrupación y en la práctica deben luchar contra la eterna incertidumbre de obtener un precio que cubra sus costos y les genere una ganancia. Este sería el grupo de parceleros en situación de mayor pobreza.
SOLUCIONES
Queda claro que uno de los caminos para superar los efectos negativos del minifundio es la agrupación de los parceleros a través de cooperativas, comunidades campesinas, sociedades agrarias, entre otras modalidades jurídicas, comentan Zegarra y Del Castillo.
Para ellos, enfrentar la fragmentación de la tierra requiere de políticas claras de apoyo al pequeño productor. Por lo mismo, es el Estado el que debe favorecer la asociación de estos productores.
"Individualmente un campesino que tiene tres hectáreas en la sierra de algún producto agrícola no tiene ninguna posibilidad de exportar e incluso de acercarse a un supermercado como Wong", subraya Del Castillo.
Algunas experiencias exitosas de trabajo en conjunto son las cooperativas cafetaleras, con agricultores que se juntan para comercializar su café a buenos precios en el mercado internacional, señala Zegarra.
Del Castillo afirma que en el Perú hay muchas personas que, cuando hablan de cooperativas, se remontan al modelo del gobierno militar y eso no ocurre actualmente (la propiedad no es comunitaria y más bien se juntan pequeños propietarios para ofrecer servicios y bienes).
"Hay cooperativas exitosas en Japón, Holanda y Alemania. Lo que fracasó antes fue un modelo impuesto con control de precios y que significó en la práctica que 600 cooperativas se parcelaran en la costa", acota.
USUFRUCTO
Como parte de las propuestas de Sierra Exportadora para superar el minifundio, el Consejo de Ministros aprobó el proyecto de ley de contratos de usufructos, mediante el cual el empresario hace uso de un terreno como si fuese suyo por un determinado tiempo, pagando una renta a la comunidad campesina, la misma que luego se verá beneficiada cuando la tierra retorne a su poder con infraestructura ya adaptada y modernizada.
Por su parte, el ex ministro Amat y León dice que la salida para este tema no es atacar per se el minifundio, sino más bien buscar la forma de capitalizar el actual sistema de parceleros para hacer viables las microcuencas del país.
"Una economía de parceleros como la que se observa en el país genera una forma de organización de servicios y comercio, y ese es el estilo de vida de muchos centros poblados. Entonces, esa es la realidad. La pregunta es: ¿Cómo aumentamos la calidad de vida y la productividad de estos productores agrarios?", dice.
Por ello plantea que la organización de los pequeños parceleros sea impulsada por el Estado (con el Ministerio de Agricultura, los gobiernos regionales y las municipalidades) y que se logre a través de agencias de gestión empresarial que brinden tecnología productiva, información de mercado y financiamiento.
"Tan igual como los agroexportadores son, de alguna manera, una locomotora para los pequeños productores, el Estado debe realizar la misma función entre aquellos parceleros para que logren articularse y salir al mercado".
Una mejor calidad de vida para los parceleros es una tarea irrenunciable del Gobierno.
A PASO LENTO
Privados agrupan tierras en la costa
4Las empresas agroex-portadoras han logrado reagrupar algunos miles de hectáreas, sobre todo en la costa. Este proceso ha caminado a paso lento. La experiencia de Agrícola Athos es haber iniciado hace 20 años sus actividades en un terreno de 18 hectáreas y en la actualidad cuenta con 500 hectáreas. En los últimos dos años, habría un mayor impulso a este proceso, encabezado por el sector de inversores en caña de azúcar para la elaboración de etanol (Pure Biofuels, grupo Romero, entre otros).
4Adicionalmente, la empresa Athos desarrolla una idea particular. Ha alquilado por diez años el terreno de unos 15 parceleros, a quienes les paga una renta, más un 5% de la venta de la siembra y les permite trabajar en el lugar (en total, son tres ingresos para ellos). "Esto es parte de una estrategia de responsabilidad social, con el fin de mejorar el bienestar de la comunidad", comentó el gerente general de la empresa, Jorge Checa.