La conquista de Gaza
Por Roberto Heimovits, analista internacional
En un nuevo episodio de la lucha entre seculares y fundamentalistas en el mundo musulmán, Hamas desalojó a las fuerzas del Fatah de la franja de Gaza en menos de una semana y logró el control político y militar sobre 1,3 millones de palestinos. El enfrentamiento intrapalestino fue brutal, llegando, ambos bandos, a arrojar prisioneros esposados desde rascacielos.
El triunfo de Hamas, a pesar de que Fatah tenía más hombres y armas, es resultado parcial de las divisiones internas de este último, y de la percepción de muchos palestinos de que se había vuelto corrupto y abusaba de su poder.
Más importante aun, la rapidez y facilidad de su éxito en la franja haría pensar que falta poco para que Hamas extienda su control también al resto de los territorios palestinos, esto es, la ribera occidental (Judea, Samaria y Jerusalén Oriental).
Sin embargo, una victoria así decisiva de Hamas, movimiento fundamentalista islámico surgido en los 80, sobre el Fatah secular que ha controlado la política palestina desde 1964, podría no ser tan sencilla.
Para comenzar, la franja de Gaza solo abarca alrededor del 5% de los territorios palestinos. Así, Hamas tendría que atender las necesidades de más de un tercio de la población palestina con recursos bastante escasos. Además, tiene dificultades para proyectar su poder a la ribera occidental (donde ya su influencia es menor), porque está separada de la franja por territorio israelí.
Pero quizás el principal reto para que Hamas logre su meta de control total del movimiento nacional palestino es construir una política adecuada. Según la teoría de relaciones internacionales, todo Estado o movimiento que aspira a serlo, establece su política en base a sus intereses principales. El problema para Hamas es que sus intereses son muchos --en política interna y externa-- y podrían no ser muy compatibles entre sí.
Primero tiene, o tendría, que intentar mejorar el nivel de vida de los habitantes de Gaza. Pero para hacerlo tendría que mantener una tregua con Israel, sustituyendo conflicto por cooperación (limitada y local) cosa que va contra su objetivo declarado: destruir a Israel. Pero si sigue atacando a Israel, podría atraer --aun más-- la enemistad de EE.UU. y la Unión Europea, además de contraataques israelíes.
En segundo lugar, la tendencia de Hamas como movimiento fundamentalista sería imponer un estricto régimen islámico en la franja. Sin embargo, eso podría reducir mucho el apoyo que tiene en la ribera occidental, donde la población es más moderna y secular.
Tercero, si Hamas trata de consolidar su monopolio de poder en Gaza, podría chocar con los poderosos clanes locales, algunos fuertemente armados.
Cuarto, Hamas tendería a fortalecer su alianza con Siria e Irán. Pero si lo hace, aumentará la hostilidad que ya enfrenta por parte de Arabia Saudí, Egipto, la Unión Europea, EE.UU. e Israel.
Establecer una política que navegue eficientemente entre todos estos intereses contradictorios, representaría un reto significativo aún para un Kissinger o un Bismarck. Pero si Hamas no lo intenta seriamente, su importante victoria en Gaza podría ser también la última que logre en bastante tiempo.