¿Y la tutela de los padres?

Desintegrando la familia

Por Luis Solaride la Fuente, Ex primer ministro

Es reconocida la importancia de la familia como núcleo social de aprendizaje de la vida comunitaria y la formación en la solidaridad. Sin embargo, poco se habla de su importancia en la formación de la nacionalidad, que sin duda también se produce en forma principalísima en su seno. Solidaridad y nacionalidad son pilares esenciales de la formación de los hijos de la patria en nuestras familias.

En el curso de la globalización, la familia se va afectando en diversas dinámicas. Estas no son totalmente espontáneas. Existe un lado gris en la globalización que propugna un "pensamiento único" y un "gobierno planetario". Obviamente, esos sectores verían con agrado un proceso de desnacionalización de naciones, es decir, de laxitud de los sentimientos cohesionantes de una nación, que son precisamente la solidaridad y el sentimiento de nacionalidad. Uno de los objetivos tendría que ser la deconstrucción de la familia, debido a su esencial rol en la edificación y sostenimiento de las naciones.

Se observa, cada vez más, agresivas corrientes y estrategias para afectar a la familia. Una de las más sutiles es la separación de los hijos de sus padres. Cuando ejercía el cargo de primer ministro, me buscaron un organismo internacional y una asociación civil para presentarme el programa de un evento sobre la infancia; pregunté entonces en qué momento hablaban los padres de familia; no habían sido programados. Costó esfuerzo que se programara a asociaciones de padres de familia. Si usted mira cuidadosamente, observará que en la mayor parte de eventos sobre infancia y niñez están excluidas esas asociaciones. ¿Por qué?

La increíble ley que despenaliza las relaciones sexuales con menores de 14 a 18 años está emparentada con los proyectos de ley 637/2006 y 1422/2006. El primero excluye explícitamente a los padres de familia de las decisiones que sus menores hijos de 12 a 17 años tomen en relación a su salud en el área sexual y reproductiva; el segundo también, como se lee en su exposición de motivos. Es decir, la ley de despenalización es el espolón de proa para otros proyectos y cualquier cosa que venga después. Tres pájaros de un tiro: separación de los hijos de los padres, introducción de desconfianza de hijos hacia los padres y estrategia de mercadeo para expandir rápidamente un mercado de millones de dólares de cierto tipo de productos.

La Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (Endes) del año 2000 reveló que 74% de las mujeres menores de 19 años no tienen relaciones. La misma encuesta en el 2004 mostró que ese porcentaje varió a 78%. ¿Es justo que porque a alguien se le achica su mercado de consumidores aparezcan proyectos de ley contrarios al ordenamiento jurídico del Perú, y que además propugnen la separación de los hijos de sus padres?

Hay que recordarles a sus autores lo que dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos" (Art. 26.3); la Convención sobre los Derechos del Niño (ONU): "Los estados partes respetarán las responsabilidades, los derechos y los deberes de los padres......." (Art. 5); y nuestro Código Civil: "Por la patria potestad los padres tienen el deber y el derecho de cuidar de la persona y bienes de sus hijos menores" (Art. 418). También la Convención Interamericana sobre Derechos Humanos consagra el derecho de los padres sobre la educación moral de sus hijos (Art. 12.4)

¿Cómo aparecen esos proyectos en el Congreso? ¿Acaso llegan enlatados? ¿Las organizaciones que defienden la cuestionada norma, han tenido que ver con los proyectos de ley? ¿Por qué sus autores no nos cuentan? ¿Quiénes financian a esas organizaciones? ¿Otra vez corrientes subterráneas? ¿Otra vez poderoso caballero...?

Ha hecho muy bien el presidente García en ser categórico al rechazar la ley de promoción de relaciones con menores. Esa es la forma de generar alianzas sociales con las familias peruanas y así comenzar a revertir el aumento de la desaprobación presidencial y gubernamental.

Sería muy importante para la cohesión social y el fortalecimiento de nuestra nacionalidad que el presidente impulse una política familiar. Defender a la familia es tarea de todos.