Sobre la ley de consentimiento sexual
"La realidad sexual adolescente no solo desborda la represión, se puede acrecentar con ella"
Por FernandoVivas, Periodista
¿Por qué necesitamos una ley de consentimiento sexual que vuelva a fijar la edad mínima de libertad en 14 años? En febrero del 2006, luego de una campaña para elevar las penas de los violadores, se dio una ley que, de carambola, elevó la edad de consentimiento de 14 a 18 años. Por castigar severamente la violación, los legisladores nos empujaron a una situación insostenible, a una invitación masiva a la anomia legal: el Poder Judicial y las comisarías están atiborradas de denuncias de padres de familia que incriminan a los adultos e incluso a menores de edad que se lían con sus hijos adolescentes. Y los jueces y comisarios se están haciendo la vista gorda porque encuentran absurdo, sino imposible, penalizar una realidad sexual adolescente que no solo desborda la moralina represora sino que puede acrecentarse y excitarse ante ella.
Para la vigente ley no importa si los chicos mayores de 14 y menores de 18 dieron libremente el sí, todo coito con ellos o entre ellos es culposo. Se pueden escribir cuentos kafkianos y telenovelas de amores imposibles con lo que adultos castigadores pretenden hacer aplicando esta ley sin parangón en la región: según cifras de la ONG Promsex, publicadas en El Comercio, la edad mínima para la libertad sexual es de 12 años en Chile, Costa Rica, Cuba, México, Guatemala, Honduras y Venezuela y es de 14 años en Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay, Puerto Rico, El Salvador y Alemania.
Y no crean, por favor, que los chicos no están ya legalmente protegidos contra los mañosos y añosos seductores que quieren aprovecharse de su inocencia. El delito de seducción ya está tipificado en el Código Penal y protege a los adolescentes contra coacciones y engaños de sus mayores. También tenemos una rigurosa ley contra la explotación y tráfico sexual que penaliza a los adultos que tengan sexo con jóvenes prostituidos. Y si, razonablemente, algunos piensan que la figura de seducción no cubre todos los riesgos de abuso al adolescente, pues se puede perfeccionar ese punto específico de la legislación. Me parecería sensato que, a medida que la disparidad de edades sea más grande, la ley sea más restrictiva y severa. ¡Pero que no se penalice toda relación sexual con o entre adolescentes!
¿Por qué, entonces, tantas voces, incluidas las de Alan García, que santurrón no es, cuestionan una nueva ley que busca sincerarnos como nación que protege a sus menores, pero tolera el ejercicio de su sexualidad? Porque para algunos políticos todo vale, con tal de cosechar la aprobación sentimental de la población. Así como Chile sirve para enervar la emoción patriótica, el sexo de los chicos sirve para enervar las emociones ligadas a los valores familiares. 'No toquen las fronteras' y 'no toquen a nuestros hijos' son dos abusados recursos para ganar fáciles adherencias populares.
Antes que mantener una ley que no van a acatar, démosles a los chicos una ley tolerante, un condón, un consejo cariñoso y mucha educación sexual para que aprendan a proteger su cuerpo y a respetar el ajeno.