Mucho ojo: La fama por nada

Por Fernando Vivas

Probablemente ustedes conocen a Paris Hilton mejor que yo, así que no voy a perder el tiempo evocando su árbol genealógico, su prontuario y su megaherencia. Todo lo que huele a hoteles de cinco estrellas, como su apellido, me hace imaginar mucha plata, y como en su caso son decenas de miles de habitaciones, puedo estar seguro de que tamaña fortuna puede convertir en un monstruo a cualquier chica medianamente egoísta y perezosa.

Porque Paris es un monstruo, y eso es en lo que me quiero detener. Su estrellato no se basa en la música, la TV o el cine, las tres actividades legitimadoras de las estrellas contemporáneas. Tampoco es miembro de la realeza. Ni es la típica millonaria excéntrica, a lo Donald Trump, porque para eso hay que trabajar, hay que cultivarse, hay que rodearse de gente importante. Su atractivo, entonces, es el de la monstruosidad, la extrema distorsión de su clase o categoría, una peculiar condición de fenómeno que se inflama ante la luz de la prensa. Un monstruo mediático, claro, no estoy hablando de otra cosa.

Paris no solo es monstruosa, sino también desastrosa. Es guapa, pero no demasiado, no es inspirada (sospecho que la prensa le pule sus declaraciones para hacerlas parecer chispeantes) y además de una que otra irrelevante aparición fílmica, lo más impactante que ha hecho fue protagonizar un atrevido videoclip de su ex novio Rick Salomon. Y lo más ambicioso que ha hecho es comparecer en el 'reality show' "The Simple Life" vagando con pocas monedas en el bolsillo junto con su ex amiga Nicole Richie. La producción hacía todo, ella simplemente medraba.

Y medrando por aquí, modelando por allá, protagonizando campañas --una de ellas fue la de Vota o Muere para reducir el ausentismo electoral, ¡pero luego reveló que no había ido a votar!-- ha hecho infinitamente más fama que muchos artistas que sí la sudan. Hipócrita, 'faltosa', mala onda, convicta, confesa y recientemente liberada tras manejar borracha, el único encanto que veo asociado a su monstruosidad es que es la chillona demostración de que la fama no se debe al talento de nadie, sino al capricho de la gente.