Debemos evitar lo que es evitable

Especial 4 Cambio Climático (II)

El calentamiento global y el alza del petróleo están creando una crisis política cuyo desenlace será crucial para el futuro del planeta

Por Tomás Unger

La semana pasada informamos en esta página sobre las recomendaciones del panel científico convocado por las Naciones Unidas con respecto al calentamiento global. El tema ha tomado un nuevo sesgo tras la reunión del G-8 y la decisión de Estados unidos de tocar el tema separadamente con China y la India. Existe consenso mundial sobre la necesidad de reducir las emisiones de anhidrido carbónico (CO2), para detener el crecimiento del calentamiento global cuyas consecuencias ya estamos experimentando.

El Protocolo de Kioto recupera vigencia y Estados Unidos finalmente ha aceptado la necesidad de tomar medidas. Estos avances distan mucho de una acción coordinada de la cual pueda esperarse resultados que logren las metas acordadas. El problema es crítico y a la vez complejo, porque requiere que países del Tercer Mundo tomen medidas drásticas para mitigar una situación creada a partir de la revolución industrial por los países que hoy forman el Primer Mundo y siguen siendo los principales emisores de gases invernadero.

LA HISTORIA
La semana pasada mencionamos que la mitad del CO2 acumulado en la atmósfera a partir del siglo XIX se ha generado en los últimos 35 años y las emisiones siguen en aumento. La cifra generalmente aceptada es no menos de 400 partes de CO2 por millón. Para visualizar lo que esto representa, imaginemos un cubo de 10 cm de lado cuyo volumen es un litro, y un cubo que representa 1.000 partes por millón: 1 cm3, del tamaño de un terrón de azúcar. Entonces, 400 partes por millón sería un poco menos que la mitad de este cubo. En un m3, que contiene 1.000 litros, 400 partes por millón serían 400 terrones de azúcar en una caja cúbica de 1 m por lado.

Hago esta imagen, porque hablar de partes por millón da la idea de algo muy pequeño, cuyo incremento sigue siendo pequeño, y no es así.

Si continuamos al paso que van las emisiones hoy, alcanzaremos el 90% del terrón de azúcar para el 2050. Esta es una proyección llamada BAU (business as usual), que significa 'seguimos como estamos'. De ser este el caso, las consecuencias, que hemos descrito varias veces en esta página, serían catastróficas. Además de las sequías, falta de agua potable, intensidad de huracanes e inundación de zonas costeras, habría cambios en los sistemas ecológicos de consecuencias fatales para la agricultura.

EL PANORAMA
Por el momento lo único concreto es la conciencia del problema. Todos los países, comenzando por la Unión Europea y recientemente EE.UU., admiten la existencia del fenómeno: el calentamiento global y el consiguiente cambio climático. También hay consenso en la causa del calentamiento, que son las emisiones de gases invernadero, principalmente el CO2 producido por los combustibles fósiles. También hay consenso sobre la función de las selvas tropicales, en especial la Amazonía, como recicladores del CO2, por lo que la deforestación contribuye al calentamiento global.

El problema radica en el desequilibrio entre quienes lo han causado, o lo están causando, y quienes pagarán las consecuencias. El calentamiento global afecta a todos y en mayor grado a quienes están peor equipados para enfrentarlo, que son los países más pobres, habiendo llegado a la situación actual a causa del consumo de combustibles fósiles en los países desarrollados.

El consumo de energía por persona marca el desequilibrio. Los estadounidenses, que representan el 5% de la población mundial, consumen el 26% de la energía, mientras que todos los países del Tercer Mundo juntos consumen solo el 30% de la energía global y tienen 2.000 millones de personas sin electricidad. Mientras que el consumo de electricidad per cápita en EE.UU. pasa de los 14.000 kw/h al año, aunque no hay una cifra precisa, se calcula que en los países en desarrollo el consumo per cápita es por lo menos 15 veces menor.

EL DESEQUILIBRIO
Estados Unidos es el primer emisor de CO2, habiendo superado los 1.800 millones de toneladas métricas en el 2000, cifra que se proyecta a 2.300 millones para el 2020. Es interesante notar que el sector transporte es responsable del 25% de la energía consumida en ese país. Como es natural, los países del Tercer Mundo aspiran a consumir más energía, pero, de hacerlo, aumentarían drásticamente las emisiones de CO2, a menos de que lo lograran sin combustibles fósiles, lo cual hoy no es viable. Ahora China ha hecho un planteamiento que dramatiza la situación.

Los chinos están dispuestos a controlar sus emisiones, siempre y cuando les permitan nivelarse en el per cápita con EE.UU. Dicho de otra manera, los chinos aspiran a vivir como los norteamericanos consumiendo 14.000 kw/h al año, cosa que evidentemente sería insostenible. La alternativa que plantean es que los norteamericanos bajen sus emisiones proporcionalmente. Evidentemente se trata de metas inalcanzables, pero que ilustran claramente la situación. Si solamente los habitantes de China e India quisieran alcanzar el nivel de consumo de los países desarrollados, manteniendo las mismas fuentes de energía (86% combustibles fósiles), tendríamos inundadas todas las ciudades costeras y una catástrofe global de consecuencias incalculables.

QUÉ HACER
Las proyecciones BAU, que prevén una continuación inalterada de las tendencias actuales, ponen el contenido de CO 2 en la atmósfera en casi 900 partes por millón (casi una por mil) en el 2050: una situación catastrófica. Esto significa que el peso de la responsabilidad recae sobre los grandes emisores actuales, los países desarrollados. Para evitar la catástrofe deberá implementarse un cambio drástico y rápido en las fuentes de energía. El acelerado consumo del petróleo y su consiguiente aumento de precio ayudarán a implementar nuevas tecnologías, siendo el uso intensivo de energía nuclear el que presenta las mayores posibilidades a corto plazo. El desarrollo de las tecnologías de energías solar y eólica, que hoy suministran menos del 1% de la energía, presenta una posibilidad a más largo plazo.

Por último, lo más difícil pero lo más importante está en el cambio de los hábitos de consumo. Esto supone reemplazar el transporte personal por el transporte público y reducir el consumo del transporte restante. También supone una reducción drástica en el consumo doméstico en los países desarrollados del hemisferio norte y una racionalización del consumo industrial. Medidas adicionales que pueden tener un importante efecto serían la captura del CO 2 en las emisiones de combustión del carbón y un cese de la deforestación mundial. Más fácil enumerarlo que hacerlo, pero el tiempo avanza.

¿Y NOSOTROS?
En el Perú nuestro consumo de combustibles fósiles no es importante dentro del panorama mundial, pero las consecuencias del calentamiento global sí lo son. Dentro de un mapa publicado en la revista "Science" sobre los cambios ecológicos como consecuencia del cambio climático, el Perú, Bolivia, parte del Brasil y el norte de Chile figuran como las zonas más afectadas. Un reciente informe de National Geographic muestra la desaparición acelerada de los glaciares andinos. Todo esto repercutirá directamente en nuestras condiciones de vida.

La agricultura de la vertiente occidental de los Andes se quedará sin agua, que también faltará en las ciudades de la costa. El cambio en los sistemas ecológicos podrá acabar con nuestras cosechas y el levantamiento del nivel del mar con nuestros puertos. Esperemos que aquellos que tienen la sartén por el mango tomen las medidas necesarias a tiempo porque ellos, aunque más tarde, también sufrirán las consecuencias.