¿Cómo impulsar el uso de biocombustibles?

Polémico despegue del etanol

Por Gastón Benza Pflucker, Presidente ejecutivo Sierra Exportadora

El etanol, biocombustible conocido también como alcohol etílico podría reemplazar una parte sustancial de la gasolina que actualmente se consume, pues al mezclarse con esta se incrementa su octanaje y resulta ser una importante alternativa ecológica frente al MTBE, aditivo que se usa en la gasolina y que afecta al medio ambiente y la salud de la población.

El biocombustible basado en la producción de caña de azúcar es la alternativa más factible para nuestro país puesto que tenemos tierras que arrojan el mayor rendimiento a nivel mundial en la producción de este cultivo, sin embargo y debido a factores coyunturales no contamos con una participación importante en la producción de caña, la mayor parte de esta se destina a la elaboración de azúcar y los cultivos se concentran en la zona costera.

En todo el mundo, Brasil se ubica como el primer productor de etanol produciendo 360 mil toneladas de caña de azúcar al año, de las cuales el 50% se destina a la elaboración de etanol y el otro 50% a la producción de azúcar. Además, el 80% del etanol es producido en la misma instalación donde se produce azúcar. Siguiendo la actual tendencia hacia la producción de combustibles limpios, Estados Unidos se ubica como segundo productor mundial, seguido de países tan diversos como India, Colombia, Tailandia, Australia, China, los que se han comprometido a emplear el etanol como combustible automotor alternativo.

En Latinoamérica, países como Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia exoneran totalmente el tributo que grava a los biocombustibles como el etanol. Nos preguntamos entonces, ¿qué es lo que lo que los peruanos no vemos? Deberíamos conversar sobre el tema con nuestros países vecinos, tal vez ellos nos aclaren un poco el panorama.

En nuestro país, el Reglamento para la Comercialización de Biocombustibles ha dispuesto la incorporación del 7,8% de etanol en las gasolinas comercializadas localmente a partir del año 2010. Nuestra posición al respecto, plantea la inafectación del etanol para efectos del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC).

Quienes no comparten nuestra posición manifiestan que el Estado vería afectados sus ingresos, asumiendo que la incorporación del porcentaje de etanol señalado, significaría disminuir la venta de gasolina. Esta es una conclusión equivocada, puesto que el consumo de gasolina se incrementa en el orden del 4% cada año, lo que significa que en dos años no habría perjuicio en los ingresos del Estado.

Una mezcla que contenga 7,8% de etanol implicaría que las actuales empresas comercializadoras (que son dos) dejen de vender 570 mil barriles al año (equivalente al etanol que se mezclaría con las gasolinas), es decir se dejaría de vender aproximadamente US$8,5 millones. La gasolina reemplazada es la denominada nafta crakeada cuya venta al exterior significaría para las empresas productoras locales de gasolina menores ingresos del orden de 15 dólares por barril en razón que los precios locales son actualmente mayores a los del mercado internacional.

De otro lado, el establecimiento de una industria de etanol con una producción de 570 mil barriles de etanol (sin considerar las posibilidades de exportación) generará inversiones por US$60 millones en la parte industrial y US$ 33 millones en la parte agrícola, además de 8 mil hectáreas de caña de azúcar sembradas y más de 3 mil puestos de trabajo creados entre directos e indirectos. Ello generará al Estado la percepción de impuestos por concepto de rentas de tercera y quinta categorías sin contar los provenientes por la eventual exportación del producto.

En conclusión, para que el Estado no vea afectado sus ingresos, el país debería desarrollar por lo menos 35 mil hectáreas de cultivo de caña orientadas al etanol, una parte reemplazaría en 7,8% el consumo de gasolinas y la otra parte se exportaría. A partir de esta extensión, el Estado tendría superávit fiscal en este producto.

Es importante recordar que la naturaleza de un tributo como el ISC no guarda relación con un producto como el etanol. El ISC grava 14 productos de alta y fácil recaudación, aquellos cuyo consumo o producción el Estado busca desalentar. Por ejemplo, los cigarrillos, la cerveza, gasolina para motores, gas oils, el kerosene, el pisco, el tabaco y el alcohol etílico por debajo de 99,5°, juegos de azar, entre otros.

Si el Estado busca alentar el consumo de biocombustibles y el establecimiento de una industria de etanol que genere un impacto real en términos de producción y empleo en el campo, resulta fundamental excluir al etanol de la lista de productos gravados con el ISC. Esta decisión permitirá no solo la concreción de importantes proyectos de inversión sino además la generación de empleo productivo en el ámbito rural, recuperando el lugar que tenía el Perú en el sector azucarero antes de la reforma agraria.