"De la 'caja chica' propagandística al supuesto financiamiento de operaciones desestabilizadoras"
Por Juan Paredes Castro
La caída del Muro de Berlín no solo significó el fin del imperio soviético y del sostén que este representaba para el régimen de Fidel Castro en Cuba, sino también el fin de una "caja chica" detrás de la cual se movieron durante décadas muchas dirigencias políticas y sindicales de corte marxista-leninista.
Hay demasiados indicios de que esa perdida "caja chica", ahora en manos de operadores del gobierno de Hugo Chávez, es la solvente arca de la alianza de cuanto movimiento políticopartidario aparece en América Latina, buscando precisamente surtirse de ella en dólares contantes y sonantes. Lo hacen desde posiciones generalmente nacionalistas, que en muchos casos son una envoltura coyuntural de lo que queda del viejo activismo izquierdista populista y sus seguidores de hoy.
No es que la ideología radical de izquierda se haya movido de Lenin a Chávez, pasando por Mao y Stalin. Nada de eso. Chávez es producto de un cuartelazo oportunista que no le dio tiempo de llegar ni siquiera a coronel. No sabe lo que quiere Venezuela, menos lo que quiere América Latina, y peor todavía lo que quiere el mundo. No tiene de dónde copiar ni a quién enseñar. Lo que sí puede hacer, porque sumisa y cortesanamente se lo consienten políticos y líderes de este lado del planeta, es pregonar un modelo autocrático dispuesto a acabar a cualquier costo con la democracia y las libertades y aparecer camufladamente como el dueño y señor de esa "caja chica" que tanto puede financiar a un candidato por ahí como correr con los gastos de proselitismo de algún partidito por allá.
Sin embargo, no deja de ser grave la posibilidad de que eso que podría parecer un plato de lentejas, se vuelva en el tiempo o ya forme parte desde hoy de operaciones más sofisticadas de injerencia interna en asuntos de otros estados, entre ellos el Perú, que justamente ha denunciado el primer ministro Jorge del Castillo, en una advertencia que vale para el régimen de Chávez como para nuestros servicios de inteligencia.
Los seguidores de Chávez en el Perú probablemente lo único que buscan sea financiamiento para sus actividades políticas, que no tendría nada de malo si lo hacen de manera transparente. Su relación con el eje de Caracas se hace sospechosa porque operan en la oscuridad y porque muchos de sus más visibles flancos, como los viajes frecuentes de congresistas del humalismo a Venezuela, no son ni reportados ni explicados.
Y así como podría haber la mayor ingenuidad en estos seguidores del chavismo --cosa que no creemos--, este puede ser capaz de meter peligrosamente las narices en nuestros asuntos internos.